La AfD denuncia a Merz por la acusación de «limpieza étnica»
¿Cuándo una política de expulsiones deja de ser control fronterizo y pasa a ser limpieza étnica? Friedrich Merz situó ahí su línea en el Bundestag al calificar de «limpieza étnica» la remigración que propugna la AfD. La respuesta fue inmediata: el partido ultra anunció una
Strafanzeige, una denuncia penal, contra él por lo que considera una descalificación histórica del discurso democrático.
No es un término inocente. La
remigración —devolver a migrantes y a sus descendientes a sus países de origen— ha pasado de consigna de extrema derecha a eje del debate político alemán, con la CDU intentando pescar en ese
caladero sin mancharse las manos y la AfD reclamando la patente del asunto.
Qué ha pasado entre Merz y la AfD
Merz acusó en sede parlamentaria a la AfD de propagar «limpiezas étnicas». La respuesta llegó en forma de
denuncia penal contra el propio Merz, con el argumento de que atribuir a diputados electos ese tipo de planteamientos envenena el debate y difama a representantes democráticos. Entre la acusación y la querella, nadie ha entrado al fondo: qué se hace con millones de personas asentadas en Alemania desde hace décadas.
Por qué la remigración enfrenta a la CDU y a la AfD
El análisis más repetido sostiene que Merz no cree en nada de lo que dice: saca el tema porque la AfD le está comiendo la
tostada y necesita recuperar votos en el espacio conservador. La CDU, se argumenta, lleva años funcionando como una socialdemocracia con corbata, con dieciséis años de
Merkel como mejor ejemplo de gestión continuista bajo etiqueta de derecha mientras la AfD se queda con el discurso duro.
En el plano económico circula otra lectura: el capital necesita masa, mano de obra barata y consumidores que compren lo que producen las máquinas. Un país con pirámide demográfica invertida y un paro estructural elevado, se sostiene, no puede permitirse el lujo de expulsar a nadie. La contradicción es evidente y nadie la resuelve.
Cada país libra su propia batalla terminológica. Al final, dos partidos discutiendo si una palabra es delito, mientras nadie explica cómo se deporta a alguien que nació aquí.