La convocatoria de Alvise en Ceuta: una plaza vacía y un acto abortado
La convocatoria que Núcleo Nacional y Alvise Pérez habían anunciado para Ceuta ha hecho historia por lo que no llegó a ocurrir. A las seis de la tarde, la plaza estaba prácticamente vacía; apenas un puñado de asistentes y reporteros esperaban. Diez minutos antes, según el relato de un testigo directo, una llamada telefónica ya avisaba de que se había corrido la voz entre la comunidad de origen jovenlandés de la ciudad y que un gran número de personas se había reunido en otro punto. El acto, oficialmente, no llegó a celebrarse.
Un acto que nació descafeinado
La quedada estaba fijada a las seis de la tarde, pero los asistentes llegaron con diez minutos de retrat. Para sorpresa de los presentes, la plaza seguía vacía: los organizadores no habían logrado movilizar a la multitud que esperaban en una ciudad fronteriza con fuerte sentimiento patriótico. Los únicos que cumplieron fueron los reporteros y un grupo reducido de simpatizantes.
Poco antes, el ambiente ya era tenso. Una llamada telefónica alertó a los asistentes de que se había extendido la noticia de la convocatoria y que un gran número de personas de origen joven se había concentrado en otro punto de la ciudad. Aun así, decidieron acudir. El resultado: una plaza casi desierta y la sensación de que la movilización se había quedado en nada. Después, en el puerto, tres simpatizantes que habían viajado desde Valencia tuvieron que ser escoltados por la policía ante los gritos y las amenazas de los contramanifestantes.
Dos relatos para un mismo vacío
El incidente ha generado dos interpretaciones contrapuestas. Una corriente sostiene que todo fue orquestado para escenificar una “huida fistro” de los nacionales y transmitir la imagen de una Europa débil. En esa lectura, las contramanifestaciones serían el resultado de una estrategia coordinada, con el Centro Nacional de Inteligencia como supuesto director de la operación.
La otra lectura, más escéptica, apunta a la falta de previsión y al oportunismo. Se recuerda que Alvise Pérez no declaró su presencia como convocatoria formal, sino que apareció a última hora, lo que algunos interpretan como una maniobra para construir un relato de agravio y salir en los medios como víctima. “No cumplen con el papeleo y, cuando el sistema les planta cara, se erigen en mártires”, resumen los críticos. La izquierda política, por su parte, tiene poco que ver con el episodio: el propio grupo contramanifestante estaba compuesto mayoritariamente por personas de origen jovenlandés, aunque también había españoles.
Ceuta, el pole que no explotó
Más allá del fiasco organizativo, el episodio deja al descubierto la fragilidad del equilibrio social en Ceuta. La ciudad autónoma arrastra una presión demográfica y migratoria constante, con una mayoría de población de origen jovenlandés y una economía muy dependiente del empleo público y de los subsidios estatales. La tensión estalla de vez en cuando: en 2021 ya hubo altercados con gritos de corte religioso, y la frontera con Jovenlandia se ha convertido en un punto caliente permanente.
En este contexto, la convocatoria de Núcleo Nacional pretendía ser un acto de afirmación identitaria. Pero la realidad se impuso: ni los españoles de a pie ni los grupos patrióticos de la península respondieron a la llamada. Las concentraciones frente a la embajada de Jovenlandia en Madrid suelen reunir también a pocas personas, un síntoma de la escasa capacidad de movilización de la extrema derecha extraparlamentaria.
La ultraderecha que no convoca, en números rojos
El fracaso de Ceuta ilustra una paradoja: quienes más proclaman defender la identidad nacional no consiguen reunir gente ni en una ciudad donde el sentimiento patriótico está a flor de piel. Núcleo Nacional, una formación minoritaria, no tiene la estructura ni el tirón de Vox, que, aunque con matices, sí logra llenar actos. La comparación es inevitable: alguien que no puede llenar una plaza en Ceuta difícilmente puede presentarse como alternativa real al bipartidismo.
Se dirá que la presencia de una contramanifestación disuasoria explica la baja asistencia. Pero la excusa no convence a todos: “Si no pueden con un agente de movilidad, imagínate con el CNI”, ironizaba un análisis, en referencia a la teoría de la conspiración estatal. El victimismo, a la larga, no llena plazas.
La conclusión de esta jornada es agridulce para los convocantes. La plaza quedó vacía, la contramanifestación dominó el espacio y la imagen final fue la de tres simpatizantes valencianos protegidos por la policía ante una multitud hostil. Mientras tanto, los partidos mayoritarios observan el espectáculo sin despeinarse. La pregunta incómoda es si este tipo de actos, lejos de fortalecer el discurso patriótico, lo están convirtiendo en una caricatura. Y esa es una discusión que ni el CNI ni las redes sociales van a resolver.