La izquierda familiar se parte entre el rojo y el bukelismo
Siete millones de votantes dispuestos a “vender el país por 50 euros más de pensión”. No es un sondeo oficial, sino el diagnóstico que circula por las mesas españolas al observar a una generación anclada en la militancia sentimental del PSOE. La paradoja llega cuando, en una misma familia, el padre es “rojo profundo” y la madre pide un Bukele para España.
Una izquierda que no se reconoce
El retrato que emerge de las sobremesas es el de una fractura que no discurre entre izquierda y derecha, sino dentro de la propia izquierda. Un cónyuge atrincherado en eldiario.es y en la defensa del relato oficial; el otro, autoproclamado no derechista, suspirando por el presidente de El Salvador que encarceló a medio país. Ninguno de los dos se ve representado por la abreviatura del partido que votaron toda la vida.
El fenómeno no es menor. La figura de Nayib Bukele funciona como un comodín para el hartazgo: la promesa de orden, la eficacia policial, el desprecio por la corrección política. Que esa tentación emerja en el espacio familiar del votante clásico del PSOE dice más de la crisis de representación que cualquier barómetro.
¿Son familias atípicas o avanzadilla de un realineamiento silencioso? La sobremesa, como casi siempre, se adelanta a las urnas. Por ahora, el único consenso es que Franco no tiene la culpa: si levantase la cabeza, ni él entendería el encaje de Bukele en la mesa de los rojos.