Chufas: el tubérculo que no es ni fruto seco ni legumbre
Las chufas llevan años en los lineales de los supermercados, pero muchos consumidores aún no saben qué son exactamente. Un comprador novel las probó por primera vez y, tras un bocado, se preguntó en voz alta: ¿es una legumbre o un fruto seco? La respuesta, como suele ocurrir, es más sorprendente de lo que parece.
No es ni lo uno ni lo otro. Las chufas son tubérculos, como la patata o el boniato, aunque su aspecto y su uso en repostería las confundan con los frutos secos. Esta confusión es habitual, y no es de extrañar: se venden junto a los frutos secos, se comen como aperitivo y tienen un sabor dulzón y crujiente.
El truco del remojo: 24 horas que lo cambian todo
El consumidor que las probó a palo seco encontró que eran «un poco difíciles de tragar». Y no es el único: hay quien las mastica y las escupe. La solución, según los expertos en consumo tradicional, es ponerlas en remojo durante 24 horas. Así se ablandan y liberan todo su sabor. En las ferias, donde se venden en cucuruchos de papel, suelen servirse ya hidratadas, lo que explica que allí se disfruten más.
Fibra y tradición: el regreso de un alimento olvidado
Además, las chufas son una fuente notable de fibra, como bien comprobó el protagonista de esta historia tras su primera experiencia. Y es que este tubérculo, típico de la huerta valenciana, tiene una larga tradición en España, aunque hoy parezca un producto de nicho. Su consumo se asocia a las ferias y a la horchata, pero también se puede disfrutar como snack saludable.
El dato que descoloca: no es un fruto seco, no es una legumbre, es un tubérculo. Y como todo tubérculo, necesita su tiempo de cocción o remojo para mostrar su mejor versión. La próxima vez que alguien pregunte qué son las chufas, la respuesta correcta no está en el supermercado, sino en la botánica.