Aquila Verreauxii
Himbersor
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- 22 Mar 2026
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O quizá fue en Burger King, da igual.
Yo tenía 15 años y jamás había frecuentado un sitio de esos porque a mi padre le da repelús y mi progenitora es extraordinariamente ahorradora, nunca tuvo la idea de se hace tarde y no nos da tiempo a comer, cogemos en McAuto o comemos en el Burger, eso lo hacen las madres de ahora constantemente.
Si era necesario mi progenitora nos sacaba una tortilla francesa o nos freía unas patatas y un filete en un momento. Así que yo no había pisado jamás una hamburguesería y ya me parecía sucio e indeseable un Telepizza o Pizza Hut aunque las pizzas eran pasables.
Pero McDonald's rompió todas las barreras, fui un día de diario, no había "casi" gente desordenada porque era muy pronto, habíamos ansioso antes del colegio porque venían las vacaciones y nos juntamos varios a la salida para tomar algo, yo fui porque iba una que me gustaba.
Pedí solo patatas pequeñas y el helado, para mí era pronto para comer. Las patatas con una grasa totalmente extraña y de sabor desagradable, pequeñas, con una masa artificial y artificiosa y de textura poco apetecible, el helado muy mediocre. Pero es que una amiga me dio un trozo de hamburguesa y flipé de lo mala que era, no dije nada claro, mis amigos estaban convenientemente condicionados por haber comido eso desde la niñez y tenían asociado al sabor el juguete del happy meal, el momento con sus padres, el relax, el domingo festivo..., yo no, y con todo lo limpio que estaba aquello comparado con los locales de entonces me pareció un sitio sucio por la grasa impregnada en todo.
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Y lo más importante, la que me gustaba, que era una chica con pelo corto de casco, facciones un poco raras pero buen físico (17 años) y figura llamativa, me empezó a dar un angustia enorme; no solo se estaba inflando a comida grasienta sin control, con los dedos llenos de grasa y trozos de lechuga y con la boca chorreando salsa, es que encima empezó a monopolizar la conversación, con su tono chulesco de Madrid sur, hablando de como ella y su hermana se iban a depilar zonas íntimas con láser.
Para rematarlo se puso a fumar a la salida un cigarro rubio. Tachada.
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Ahora veo que los chavales van a Mercadona a comer, al menos allí se pueden tomar un arroz con salmón u otros platos que no te hacen estar pasando mal tres días seguidos.
Yo tenía 15 años y jamás había frecuentado un sitio de esos porque a mi padre le da repelús y mi progenitora es extraordinariamente ahorradora, nunca tuvo la idea de se hace tarde y no nos da tiempo a comer, cogemos en McAuto o comemos en el Burger, eso lo hacen las madres de ahora constantemente.
Si era necesario mi progenitora nos sacaba una tortilla francesa o nos freía unas patatas y un filete en un momento. Así que yo no había pisado jamás una hamburguesería y ya me parecía sucio e indeseable un Telepizza o Pizza Hut aunque las pizzas eran pasables.
Pero McDonald's rompió todas las barreras, fui un día de diario, no había "casi" gente desordenada porque era muy pronto, habíamos ansioso antes del colegio porque venían las vacaciones y nos juntamos varios a la salida para tomar algo, yo fui porque iba una que me gustaba.
Pedí solo patatas pequeñas y el helado, para mí era pronto para comer. Las patatas con una grasa totalmente extraña y de sabor desagradable, pequeñas, con una masa artificial y artificiosa y de textura poco apetecible, el helado muy mediocre. Pero es que una amiga me dio un trozo de hamburguesa y flipé de lo mala que era, no dije nada claro, mis amigos estaban convenientemente condicionados por haber comido eso desde la niñez y tenían asociado al sabor el juguete del happy meal, el momento con sus padres, el relax, el domingo festivo..., yo no, y con todo lo limpio que estaba aquello comparado con los locales de entonces me pareció un sitio sucio por la grasa impregnada en todo.
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Y lo más importante, la que me gustaba, que era una chica con pelo corto de casco, facciones un poco raras pero buen físico (17 años) y figura llamativa, me empezó a dar un angustia enorme; no solo se estaba inflando a comida grasienta sin control, con los dedos llenos de grasa y trozos de lechuga y con la boca chorreando salsa, es que encima empezó a monopolizar la conversación, con su tono chulesco de Madrid sur, hablando de como ella y su hermana se iban a depilar zonas íntimas con láser.
Para rematarlo se puso a fumar a la salida un cigarro rubio. Tachada.
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Ahora veo que los chavales van a Mercadona a comer, al menos allí se pueden tomar un arroz con salmón u otros platos que no te hacen estar pasando mal tres días seguidos.
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