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La terapia que enseña a aceptar el redil: «soy un remero esclavo y ya me da igual»
Hay una frase que resume el malestar de una época: «poco a poco voy aceptando que soy un remero esclavo y que este mundo es la gran mierda, y la verdad es que ya me da igual». La escribe alguien que acude a terapia y descubre que el consejo recibido, una y otra vez, es «céntrate en lo positivo». No es un caso aislado. Es el patrón que atraviesa una discusión de casi un centenar de respuestas sobre qué hace realmente un psicólogo cuando el paciente le cuenta que su vida laboral es una condena.
La conclusión que se impone en buena parte del material es incómoda: hay quien sostiene que la psicología clínica funcionaría como una herramienta de adaptación al sistema productivo, no de transformación personal. El objetivo no sería curar, sino devolver al redil al que se sale de la fila. Y el que no vuelve por las buenas, ya se sabe.
Devolver al redil al que se plantea ciertas cosas
El diagnóstico más repetido es que el psicólogo hace de policía de la mente. «Es el trabajo de los psicólogos. Devolver al redil a los que se plantean ciertas cosas», sostiene un participante, que añade un aviso: «si no vuelves pronto te drogarán para devolverte por la fuerza». La acusación es gruesa, pero resume el sentir general: la terapia no busca que el paciente entienda su malestar, sino que lo gestione sin molestar.
En esa misma línea, otro mensaje describe el sistema como una fábrica de conformidad: «el redil te evita pensar, ergo te cura». La frase, casi de manual, condensa la sospecha de que el bienestar que se persigue es el del entorno, no el del paciente. Y hay quien va más lejos: «quieren gente jodida mentalmente para siempre, no buscan curar».
El reproche no se queda en la consulta individual. Se extiende a la infancia. Los trastornos y síndromes que se diagnostican a los niños responderían, según esta lectura, a un prototipo muy concreto: «el niño bueno que está ocho horas quieto, parao y callao atendiendo las explicaciones del profesor con los ojos abiertos como platos». Todo lo que se salga de ahí tiene su etiqueta.
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La psicología como ideología, no como ciencia
La crítica epistemológica es el segundo frente. «La Psicología no es ciencia, es ideología de mierda al servicio del Régimen», sentencia un mensaje que acumula apoyos. El argumento se desarrolla con más calma en otra intervención: la psicología no sería una ciencia porque el método científico es inaplicable a su objeto, y lo único que hace es usar «estadística, protocolos y demás herramientas de brocha gorda».
El contraataque a esa objeción es igual de contundente: «medir el impulso nervioso no es igual a que la psicología sea una ciencia». La comparación que se lanza es la de la pintura: saber cuánto se tarda en pintar una habitación no convierte la pintura en ciencia. El debate deriva hacia la epistemología y hacia el name dropping de autores que, según se dice, «dijo muchísimas barbaridades sobre la cuestión psicológica».
Hay quien defiende que la terapia sí funciona, pero solo para lo obvio. «A poco que tengas una inteligencia medianamente normal ves por dónde te quieren llevar todo el rato», cuenta alguien que pasó por consulta. Su psicóloga no le marcó ideología, dice, pero le repitió el catecismo del gremio: asertividad, control de lo que no puedes controlar y «tu salud mental es lo primero, antes incluso que la vida de tus hijos».
El negocio: 50 euros por sesión y una tarifa que da dinero
El tercer eje es económico. La terapia es un servicio que se cobra, y eso no se olvida. «Son cincuenta euros», responde con sorna un mensaje que imita el tono del profesional. Otro ironiza con la factura: «dile que si quiere ayudarte, por qué te cobra tanto. Dile también si te devolverá el dinero si no te curas».
La acusación de mercantilismo se concreta en una cifra: «la tarifa de puta da dinero, ya lo sabemos». La comparación con el oficio más viejo no es casual. Varios mensajes sostienen que una trabajadora sexual da «más ayuda y beneficio rápido» que una terapia, y que «hasta en consejos saben más las lumis». El argumento, más provocador que analítico, apunta a una idea de fondo: pagar por escuchar no es distinto de pagar por cualquier otro servicio, y el que paga espera resultados.
La sospecha de que el paciente es un cliente más se refuerza con la idea de que el secreto profesional es papel mojado. «Te imaginas contarle tus problemas de verdad, más profundos, a una psicóloga? La hija de puta se estará descojonando por dentro», se lee. La confidencialidad, en esta lectura, no resiste el cotilleo de grupo.
La alternativa: libros, campo y no ir
Frente al diván, las recetas caseras. «Los buenos libros te ayudan mejor que un psicólogo o psiquiatra», asegura un mensaje. Otro apela al sentido común: «la aceptación de la realidad es un paso para integrarse en el grupo y, dado que somos animales grupales, solo así puedes ser feliz». La felicidad, aquí, pasa por asumir los fallos de la sociedad y disfrutar de sus virtudes, no por combatirlos.
La crítica más matizada llega desde quien distingue dos tipos de paciente: «los débiles mentales, que no se ocupan de buscar las respuestas por su cuenta», y «los que viven impregnados de un entorno lleno de analfabetos emocionales, personas que no pueden ni hablarle claro a sus familiares, pareja o amigos». Para estos últimos, la consulta sería un refugio, no un negocio.
Y luego está el que pide prudencia. «Haz caso a tu psicóloga y no a los gañanes que pululamos por el foro», aconseja un mensaje que recuerda que aquí «la mayoría de mensajes los escribimos medio en serio medio en broma». La advertencia es sensata: la salud mental de cada cual depende de decisiones que nadie más conoce.
Con estos mimbres, lo previsible es que la terapia siga creciendo como sector y que la crítica no le haga ni cosquillas. El malestar que la lleva a consulta no desaparece; se gestiona. Y mientras tanto, el paciente aprende a llamar «positivo» a lo que antes llamaba injusto. Si eso es curarse o es adiestrarse, es una discusión que no se cierra en una consulta de cincuenta euros.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Es el trabajo de los psicologos. Devolver al redil a los que se plantean ciertas cosas. Y ojo que si no vuelves pronto te drogaran para devolverte por la fuerza.»
— Gusman · Función social del psicólogo
«La Psicología no es ciencia, es ideología de mierda al servicio del Régimen, por eso todos los trastornos y síndromes que se inventan son desviaciones del prototipo de remero feliz y eficiente en el trabajo»
— hemorroide · Crítica epistemológica a la psicología
«A poco que tengas una inteligencia medianamente normal ves por donde te quieren llevar todo el rato. Y ojo, la mia no me ha intentado devolver al redil o marcarme ninguna ideología.»
— gorgas · Experiencia personal en terapia
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
La terapia adapta al sistema, no cura55%
La psicología es una pseudociencia ideológica25%
Es un servicio útil pero limitado20%
📅 EVOLUCIÓN
Mes 1Se plantea el caso inicial: la terapia repite «céntrate en lo positivo» y el paciente acepta su condición de remero esclavo
Mes 2La discusión deriva hacia la función social del psicólogo como gestor del redil y la crítica a la infancia diagnosticada
Mes 3Se incorpora el frente epistemológico: la psicología no sería ciencia porque el método científico no aplica a su objeto
Mes 4Entra el eje económico: el precio de la sesión y la comparación con otros servicios remunerados
Mes 5Aparecen las alternativas: libros, campo, aceptación de la realidad y consejo de familiares o amigos
Mes 6Cierre con llamada a la prudencia: la salud mental depende de decisiones que nadie más conoce
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El cálculo completo de lo que cuesta una terapia y su comparación con otros servicios, partida a partida
✓La descripción del prototipo infantil que la psicología escolar considera normal y sus desviaciones
✓El contraataque epistemológico a la idea de que la psicología es una ciencia, con la comparación de la pintura
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Descargo de responsabilidad: Este artículo resume opiniones y críticas vertidas en un debate público. No constituye diagnóstico ni consejo médico. Ante cualquier problema de salud mental, consulte a un profesional cualificado.
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