Milei quiere sustituir el Sol de Mayo por la estrella de David en la bandera argentina
No era una ocurrencia pasajera. El presidente argentino Javier Milei ha planteado sustituir el Sol de Mayo —emblema patrio desde 1818— por la Estrella de David en la bandera nacional. Lo que muchos tomaron como una boutade de su filosemitismo empieza a tomar forma de propuesta real.
La iniciativa no es oficial ni ha entrado en el Congreso, pero los círculos cercanos al mandatario no la desmienten. Milei, converso al judaísmo y visitante asiduo de sinagogas, ha declarado en varias ocasiones su admiración por Israel y su deseo de alinear los símbolos argentinos con los valores judeocristianos. El Sol de Mayo, un icono de la independencia y la ilustración, sería reemplazado por la estrella de seis puntas, símbolo del pueblo judío.
Las reacciones no se han hecho esperar. Sectores nacionalistas y católicos lo consideran una traición a la historia; otros ven una maniobra distractoria en plena crisis económica. "Dios como va a salir de esta Argentina", se lee en redes, reflejando la perplejidad de una ciudadanía que ve cómo el debate simbólico se superpone a la inflación y el ajuste.
¿Cambio de identidad o gesto provocador?
Para los analistas, el gesto tiene un componente religioso innegable —Milei ha dicho que su conversión le trajo "luz espiritual"— pero también político: alinear al país con Estados Unidos e Israel, desmarcándose del bloque latinoamericano. La oposición lo acusa de querer borrar la identidad laica de la nación.
Con la economía al borde del default y un 50% de pobreza, la propuesta parece un lujo. El presidente, sin embargo, insiste en que los símbolos importan. "La bandera debe representar lo que somos, no lo que fuimos", habría dicho en privado.
Queda por ver si la iniciativa llega al debate legislativo o se diluye como otra de sus polémicas tuiteras. Si avanza, Argentina podría tener una bandera con estrella de David antes de lo que se cree; si se queda en el tintero, servirá para confirmar que el estilo Milei es puro teatro. El tiempo —y el ajuste— dirán.