Los colores de la bandera argentina tienen un origen borbónico, no celeste
La bandera de Argentina, ese pabellón celeste y blanco que sus ciudadanos ondean con orgullo, guarda un secreto histórico que pocos conocen: sus colores no se inspiraron en el cielo y las nubes, como popularmente se cree, sino en la dinastía de los Borbones. La relación viene de los intentos de la corona española por mantener el control sobre sus colonias americanas tras la invasión napoleónica.
Cuando las provincias del Río de la Plata iniciaron su camino hacia la independencia, una de las opciones que barajaron fue establecer una monarquía con un Borbón en el trono. Se pensó en la infanta Carlota Joaquina, princesa heredera de Portugal refugiada en Río de Janeiro, para liderar un reino independiente pero unido a la dinastía. De ahí que los colores elegidos para la enseña patrios fueran el azul celeste y el blanco, los mismos que lucía la Casa Real española.
La versión oficial versus la historia documentada
El relato más difundido asegura que Manuel Belgrano, creador de la bandera, se inspiró en el color del cielo al contemplar las nubes. Sin embargo, documentos históricos muestran que el diseño original incorporaba los colores borbónicos, presentes en la escarapela distribuida durante la Revolución de Mayo. De hecho, la familia real española sigue luciendo en ocasiones una banda que los argentinos identifican como propia, cuando en realidad es el estandarte borbónico.
Teorías modernas y simbolismo
En círculos académicos y de internet, el debate resuena con fuerza. Algunos señalan que el sol de la bandera fue modificado para incluir símbolos masónicos, mientras que otros apuntan a que la enseña actual es un calco del pabellón de la dinastía francesa de los Borbones, que también reinó en España. Lo cierto es que la mayoría de los argentinos desconoce este vínculo dinástico y se aferra a la versión romántica del cielo platense.
La ironía queda servida: un país que se independizó de España para erigir una república ondea, sin saberlo, los colores de una monarquía extranjera. Y mientras tanto, la bandera sigue siendo un símbolo de identidad nacional, ajena a su propio pasado dinástico.