La otra inmigración: miles de llegadas diarias a Barajas
Mientras la atención política se concentra en las vallas de Ceuta y Melilla, hay una tesis que gana fuerza en los debates sobre migración: la inmigración real llega por el aeropuerto de Barajas. El argumento se sostiene sobre dos patas: una regularización masiva por decreto ley y un flujo diario de vuelos con cientos de pasajeros que, se asegura, jamás regresan. ¿Datos o percepción? Esa es la cuestión.
Los números del aeropuerto
Las estimaciones que circulan son contundentes. Cada avión procedente de América Latina o Asia traería entre 200 y 300 personas. Con una hipótesis conservadora —200 pasajeros por vuelo y la mitad que se queda— salen 36.000 nuevos españoles al año. Otros participantes van más allá y hablan de más de un millón de personas anuales. Cifras, todo sea dicho, sin contraste oficial, pero que dibujan un fenómeno que no aparece en los informativos.
La desproporción mediática
La queja central es de enfoque. Mientras los saltos a las vallas de Ceuta y Melilla copan los telediarios, la llegada masiva por Barajas apenas genera debate. Algunos ven ahí una maniobra de distracción: la prensa oficial muestra unos pocos miles de africanos fácilmente localizables, y oculta el grueso del flujo. La fábula de Iriarte sobre los galgos y podencos —discutiendo si son galgos o podencos mientras los perros se llevan los conejos— se convierte en la metáfora perfecta de una discusión que quizá está mirando al sitio equivocado.
Una discusión con lenguaje de trinchera
Conviene no perder de vista que el debate se desarrolla con un lenguaje deliberadamente soez y deshumanizador. Ese tono, además de ser inaceptable, erosiona cualquier intento de análisis serio. Detrás de la chabacanería, sin embargo, hay una pregunta legítima: ¿cuál es el verdadero volumen de la inmigración que llega por vía aérea y por qué apenas ocupa espacio en la agenda?
Mientras tanto, Barajas sigue recibiendo vuelos. Y la discusión, vista desde fuera, parece la fábula de Iriarte: dos interlocutores discutiendo si son galgos o podencos mientras los perros se llevan a los conejos. La diferencia es que aquí los conejos no son metafóricos.