Jamoncitos al horno en pleno agosto: la provocación gastronómica del verano
¿Quién enciende el horno con el termómetro a treinta y muchos grados? Esa es la primera pregunta que dispara la foto de unos jamoncitos de pollo asados. La imagen llega con un reto: “Os habéis vuelto locos”, viene a decir. Y a partir de ahí, cada análisis es un reproche.
¿Cocina casera o local de comida preparada?
El primer golpe es directo: no hay quien se crea que ese plato salió de un horno doméstico. “No has cocinado en tu vida” es la acusación más amable. Otro análisis apunta que es una compra de un local de comida preparada. La defensa, escueta: “Ha merecido la pena”. No hay pruebas, solo palabras.
El verano no perdona: ni el plato, ni la ración
Hay quien recuerda que, con el calor, sentarse ante un plato humeante es un castigo. La alternativa veraniega: ensaladilla, melón, cosas ligeras. Y una corrección técnica: diez minutos más de horno y habrían quedado perfectos. Tampoco se salva la cantidad: un plato escaso para una comida seria, se argumenta.
La conclusión inevitable
Entre el que sugiere rellenar los jamoncitos y el que duda de la procedencia de la imagen, el veredicto se queda a medias. Lo único seguro: en agosto, el horno es territorio hostil.