Rescatada en Liendo con el móvil al 20% de batería
Este sábado, una vecina de Bilbao de 35 años tuvo que ser rescatada tras desorientarse en los Ojos de Llanegro, en Liendo (Cantabria), y a medianoche bajaba acompañada por los rescatadores y con una hipotermia encima. Según el titular que recoge su testimonio, su móvil marcaba un
20% de batería cuando llamó: «El 20% de batería del móvil me salvó». En el foro, hay quien sostiene que empezó a subir a las 14:00 y que a las 17:30 estaba en la cima, y quien asegura que iba con top y mallas deportivas.
Una hipotermia a dos kilómetros del mar
Según los cálculos que circulan en el foro, los Ojos de Llanegro no llegan a
500 metros de altitud y la zona queda a menos de dos kilómetros de tres pueblos. Ese sábado, a las 19:30, el termómetro marcaba unos
23 grados y las mínimas previstas rondaban los 14, según un participante. Con esas cifras sobre la mesa, hay quien sostiene que una hipotermia ahí no cuadra; la noticia, que es el único extremo que consta, la da por hecha. La polémica sobre la ropa tapa lo importante: aquello no es una cima, es un
prao con vistas.
De noche, además, se ven las luces de los pueblos, según varios participantes. Cualquiera que haya caminado de noche en zona habitada lo sabe. Es el argumento que más se repite y el que deja el caso en el terreno de la orientación, no de la meteorología.
¿Quién paga la factura del rescate?
No consta que a esta mujer se le haya pasado factura alguna. Tampoco consta lo contrario. Lo que sí circula es el recuerdo de casos similares: según el relato de un forero, hace una década, en una ruta sencilla de Vizcaya, unos montañeros veteranos con GPS, comida, mantas y cuerdas acabaron cruzando un río con el agua casi hasta la cintura y salieron en helicóptero, a un kilómetro de la civilización.
El asunto de las tasas tiene su propia trampa. Hay quien sostiene que varias comunidades aprobaron facturas disuasorias de rescate para desincentivar imprudencias, y que el efecto real fue otro:
gente retrasando la llamada al 112 para no arriesgarse a un recibo millonario, que es exactamente lo que convierte una anécdota en una tragedia. Nadie ha publicado aún la tarifa de esta noche.
La hora de salida pesa más que las mallas
El error de manual no fue el top. Fue el reloj. Según el relato que circula, arrancar a las 14:00, coronar a las 17:30 y pretender volver de día en zona boscosa y montañosa es jugar contra el calendario: la luz natural desaparece mucho antes de lo que dice el reloj. Con mallas cortas se recogen arañazos; con esa hora se recoge un operativo nocturno.
Lo que separa un susto de un rescate cabe en un bolsillo. Una
manta térmica no pesa ni ocupa y cabe en cualquier mochila. Una batería externa cuesta menos que una cena. Y la cartografía offline de rutas y sendas está gratis en el móvil que ya llevamos encima.
De «montañera» a expedición de los Urales
La noticia la llama montañera. Ella había salido de una lesión y buscaba una toma de contacto; eso es un paseo, no una expedición. El vocabulario importa: convierte un despiste en una
gesta, y luego cada cual descarga su frustración donde puede.
El segundo detalle del relato tampoco ayuda: presentar el 20% de batería como salvavidas. Con GPS, varias constelaciones de satélites sobre la cabeza y aplicaciones tipo Wikiloc o Komoot con mapas descargables, desorientarse a un par de kilómetros del mar tiene menos mérito épico y más lógica de quien no miró la pantalla hasta que se hizo de noche.
Hubo que movilizar un operativo nocturno para un monte que se recorre una tarde, a menos de dos kilómetros de tres pueblos y con unos 23 grados a la hora de la verdad, según los datos que manejan varios participantes. El rescate costó una noche y una llamada al 112. La próxima vez, el porcentaje de batería puede ser menor.