Esteso: el cine que pagaba facturas y financiaba a Garci
Fernando Esteso no era solo un humorista de brocha gorda; era un fenómeno económico. Sus películas, hechas con cuatro duros, llenaron cines durante años y dejaron un margen suficiente como para que el cine "serio" de la época —el de Garci, el de Arrebato— pudiera existir. La paradoja es que el destape, la comedia casposa y las tetas fugaces fueron el motor de la industria cinematográfica española en los años 70 y 80. Y luego llegó la Ley Miró.
El modelo de negocio: taquillazo sin ambiciones
Las películas de Pajares y Esteso costaban una miseria y recaudaban millones. No necesitaban subvenciones ni ayudas públicas. Funcionaban por pura demanda popular: el público quería evasión, risas y desnudos, y ellos se lo daban. Ese flujo de caja permitía a los productores arriesgarse con proyectos más personales o pretenciosos, que sabían que perderían dinero pero daban prestigio. Un sistema de vasos comunicantes que la economía de mercado, sin intervención, había afinado.
Ganó burradas de dinero y acabó sin blanca, como otros muchos del gremio. No es raro: el estilo de vida de la época —puteros, borrachos, salas de fiesta— devoraba los ingresos más rápido de lo que llegaban. Pero el problema no fue el despilfarro, sino que el mercado que les daba de comer desapareció.
La Ley Miró: cuando el Estado quiso domesticar la taquilla
En 1983, Pilar Miró, entonces directora general de Cinematografía, impulsó una ley que cambió las reglas. Las subvenciones pasaron a ser el centro del sistema. El criterio ya no era conectar con el público, sino con los burócratas que repartían el pastel. El cine de Esteso, por cutre o populachero, fue condenado al ostracismo. Ya no habría más Yo hice a Roque Tercero ni Quítate esa boina de la cabeza. En su lugar, llegaron las películas de encargo ideológico, financiadas con dinero público y vistas por cuatro gatos.
El dato es tozudo: mientras el cine subvencionado pierde espectadores año tras año, las viejas comedias de Esteso siguen teniendo millones de visualizaciones en YouTube. La España real, con sus mierdas y sus glorias, sigue prefiriendo a un gañán que se despelota antes que a un intelectual de festival.
¿Qué queda del fenómeno Esteso?
Hoy, con su muerte a los 80 años, se cierra un ciclo. Un sector del análisis sostiene que su cine era el reflejo de una España auténtica, sin complejos, que se reía de sí misma. Otros, los mismos que defienden el cine subvencionado, lo consideran casposo, machista y propio de mentes simples. La pregunta que nadie responde es: ¿qué tiene que ver el "progreso" cultural con que la gente pague su entrada? Porque Esteso nunca pidió un duro al Estado. Él solo quería que la gente se riera, y ella respondió llenando las salas. El resto, como la Ley Miró, vino después.
Lo que el dato no dice es si el cine español actual podría sobrevivir sin subvenciones. Probablemente no. Pero eso, como el humor de Esteso, es otra historia.
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