Muere el etarra que se cagó de miedo al ser detenido: entre el mito y la realidad de la propaganda
La muerte de un histórico miembro de ETA, conocido como el 'cagado de Mondragón', ha reabierto el viejo debate sobre el comportamiento de los terroristas al ser apresados. Según fuentes próximas a la lucha antiterrorista, el etarra, que acumulaba múltiples asesinatos, falleció sin haber mostrado arrepentimiento ni haber colaborado con la justicia. Sin embargo, el episodio más recordado de su biografía criminal es el momento de su detención en junio de 1984, cuando, según testimonios de agentes del GAR, perdió el control de esfínteres por el miedo.
¿Realidad o propaganda?
El relato oficial sostiene que el terrorista, al verse acorralado tras un tiroteo de dos horas en Hernani, sufrió una incontinencia fecal que lo acompañó durante las 48 horas siguientes. Un veterano del GAR, citado por El País, lo definió como "no un gudari, sino un cagari". Esta anécdota, difundida por la prensa de la época, se convirtió en un símbolo de la cobardía de ETA.
Pero no todos lo ven así. Una corriente de análisis apunta a que la propaganda del Estado explotó estas reacciones fisiológicas para deshumanizar a los etarras y justificar la dureza policial. Se argumenta que, en situaciones de estrés extremo, cualquier persona puede perder el control del cuerpo, y que el hecho de que un terrorista se orine o defeque no resta gravedad a sus actos, pero tampoco debería servir para ridiculizarlo de manera sistemática.
Los crímenes del 'cagado de Mondragón'
Lo indiscutible es su historial sangriento. Participó en el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, concejal de Ermua, cuyo tiro en la nuca conmocionó a España. También se le atribuye la muerte de un niño y de un pintor, crímenes que le valieron el apodo de "carnicero de Mondragón". Rechazó las vías de reinserción que ofrecía el Estado por no pedir perdón, lo que, para algunos, demuestra su firmeza ideológica; para otros, su inflexibilidad criminal.
Un debate que no se cierra
La muerte de este etarra no pone fin a la controversia. Mientras unos celebran su fallecimiento y desean que se repita con otros terroristas, otros recuerdan que la lucha contra ETA también tuvo episodios oscuros, como los GAL, y que simplificar al enemigo como un simple "cagado" oculta la complejidad de décadas de violencia. Lo cierto es que el relato de la detención, verídico o no, ha dejado una huella imborrable en el imaginario colectivo.