Muere Olivia Newton-John, la Sandy de Grease, tras 30 años de cáncer
Los pantalones de cuero negro que Sandy se pone al final de
Grease se subastaron, según un dato que se repite en el hilo, por
un millón de dólares. Ese es el precio que alcanza un trozo de tela cuando deja de ser ropa y pasa a ser memoria compartida de una generación entera. La mujer que los llevó,
Olivia Newton-John, ha fallecido después de casi tres décadas conviviendo con un
cáncer cuyo primer diagnóstico se sitúa en 1992, poco después de la muerte de su padre, según los datos que se manejan en el hilo. Tenía
73 años. La noticia llegó a través de un tuit de
EL MUNDO y en pocas horas el personaje derivó en una discusión menos amable: cuánto de aquel cine que nos educó era arte y cuánto, simple propaganda.
Quién era Olivia Newton-John, más allá de Sandy
Australiana de nacimiento, se convirtió en icono planetario con
Grease, el musical de 1978 en el que daba vida a la estudiante modosa que termina calzándose los cueros para conquistar a Danny Zuko, el papel que hizo John Travolta. Antes ya había construido una carrera como cantante con éxito y después llegó
Xanadú, una película que en el hilo se recuerda como mala pero con buena música, y cuya banda sonora se reivindica por derecho propio.
Su nombre mezcló música y cine sin complejos. Voz, presencia y una imagen que la industria explotó hasta el empacho. Hay quien resume su legado en una frase seca: por muchos teoremas de física que alguien enumere en su árbol genealógico, se la recuerda más por hacer un musical. Su tipo físico, delgado y sin estridencias, definió un ideal estético de época.
¿Fue Grease propaganda del estilo de vida americano?
Ahí está el nudo de todo. Una parte del público la lee como una operación de exportación cultural de manual: familias, coches, instituto y final feliz como escaparate de un modo de vida. Otra parte sostiene justo lo contrario, que bajo el envoltorio amable se cuela material bastante incómodo —embarazos adolescentes, peleas callejeras, coches montados con piezas robadas, carreras ilegales— y que su verdadero blanco era la
hipocresía de los hogares perfectos, las esposas sonrientes y el césped impoluto.
El choque va más allá de una película. Hay quien admite sin sonrojo haber sido criado con el cine estadounidense y no ver en eso tragedia alguna, porque de ahí llegaban los héroes que salvaban el mundo mientras aquí tocaba comedia costumbrista. Y hay quien responde que Estados Unidos ya no exporta lo que exportaba, que su producción cultural actual no la elige nadie y que la influencia se soporta, no se disfruta. Entre ambas posturas asoma un dato tozudo: resulta difícil desprenderse de esa influencia sin haber nacido de nuevo.
El negocio de la nostalgia: un millón por unos pantalones
La cifra da la medida exacta del personaje.
Un millón de dólares por una prenda que en 1978 era simple vestuario y hoy funciona como activo de coleccionista puro. El mercado de la memoria trabaja así: convierte objetos de producción industrial en reliquias y la cotización se dispara cuando desaparece quien los llevó puestos. En términos de oferta y demanda, la muerte cierra la oferta.
No es solo ropa. Las canciones de
Grease y de
Xanadú vuelven a sonar estos días en el hilo, y el estribillo de
Hopelessly Devoted to You se repite en los mensajes.
Cáncer desde 1992: tres décadas y tres golpes
Los datos que se manejan dibujan una secuencia dura.
Primer diagnóstico en 1992, poco después de la muerte de su padre. En
2013, tras la muerte de su hermana mayor y tras verse implicada en un accidente de tráfico, volvieron a encontrarle un tumor en el pecho. Entre medias, recaídas y recuperaciones que durante años alimentaron titulares intermitentes y alguna que otra sorpresa.
De ahí nace una lectura que circula sin respaldo médico: la idea de que el trauma vivido en soledad acaba saliendo por algún lado, esa relación entre mente y cuerpo que se repite en cada conversación sobre enfermos crónicos. Newton-John apareció en un documental de Deepak Chopra y el enfoque alternativo formó parte de su manera de afrontar la enfermedad. Eso es su experiencia personal y su relato, no un mecanismo causal demostrado por nadie.
La nieta del Nobel de Física
Y queda el detalle que descoloca a quien lo descubre en el hilo. Newton-John era
nieta de Max Born, el físico y matemático alemán que ganó el premio Nobel. La Sandy de
Grease, el icono del musical adolescente, llevaba en la sangre un apellido de ciencia dura.