Muere Maruja, la militante de Podemos que nació en 1932
La gloria de Maruja, veterana militante de Podemos nacida el 14 de abril de 1932, ha convertido una esquela en un termómetro del clima político español. El anuncio de su fallecimiento, difundido a través de un mensaje viral, desató en pocas horas una oleada de reacciones que van del homenaje emocionado a la hostilidad partidista más descarnada. El texto de despedida que acompaña su memoria la retrata como alguien que «hasta hoy no ha dejado de luchar y de estar para hacer mejor este mundo», siempre con «esa alegría tan suya». Tenía más de noventa años y, según el relato que circuló junto a su esquela, había sobrevivido al ELVIRUS antes de morir.
Quién era Maruja, la abuela de Podemos
El dato biográfico que más se repite es el año de nacimiento: 1932. Una vida que arranca con la Segunda República, atraviesa la dictadura y la Transición, y desemboca en el ciclo político que encumbró a Podemos. La fecha no es casual: nacer un 14 de abril es hacerlo en el aniversario de la proclamación republicana, un símbolo que sus allegados subrayaron sin disimulo.
De su biografía se ha destacado la longevidad y la fidelidad a una causa. Sobre un supuesto paso por las cárceles franquistas se lanzó una pregunta —aquello de los «50 años»— que nadie llegó a documentar. La mayoría de quienes intervinieron no conocía su nombre completo. Solo el de pila. Y eso, en política, es casi un programa.
Del pésame al ajuste de cuentas
Junto a los mensajes de duelo —«vuela alto», «que tanta paz lleves como descanso dejas» o el recurrente «DEP»— aparecieron reacciones que negaban cualquier reconocimiento a su figura y la reducían a un voto menos y a una pensión que dejaba de cobrarse. Hay quien sostuvo que el partido la había instrumentalizado para «aparentar humanidad». El obituario funcionó como un test de estrés de la trinchera.
El capítulo religioso tuvo su propio subidón. Frente a quienes daban por sentado que todos somos perdonados y descansaremos en Dios, otra corriente recordó la doctrina clásica del arrepentimiento y la enmienda. Discusión teológica de barra de bar, con más certeza que teología.
La confusión con Maruja Torres
Episodio aparte merece el despiste colectivo: más de un lector confesó haber abierto la noticia pensando que se trataba de la periodista Maruja Torres. La anécdota —«a guardar el cava otra vez»— revela hasta qué punto el apellido, y no el nombre, sostiene el recuerdo público en España.
Dónde se atasca el relato
Queda una foto incómoda: una muyer de más de noventa años convertida en símbolo póstumo de una trinchera que probablemente no eligió. Si en vida fue una militante anónima, en gloria ha dejado de serlo. Dónde termina el duelo sincero y empieza el uso político del cadáver es, a día de hoy, exactamente el punto donde el relato se queda atascado.