Muere otra niña por difteria: los padres no la habían vacunado
¿Cómo es posible que en 2026 una enfermedad que la vacunación había desterrado de Europa vuelva a matar a una niña? En Palermo, una menor falleció por difteria y todos sus hermanos seguían sin vacunar. La Fiscalía investiga a los padres, que creían que la vacuna hexavalente había provocado el autismo de un primo.
El caso: cuatro hijos sin una sola dosis
La noticia, publicada por el Corriere della Sera, sitúa el suceso en el hospital de Palermo. Los padres no habían vacunado a ninguno de sus cuatro hijos. La familia estaba firmemente convencida de que la vacuna hexavalente —la que protege contra seis enfermedades, entre ellas la difteria— había provocado el autismo de un primo. Esa creencia, sin respaldo científico, se convirtió en una sentencia para la menor.
La Fiscalía ha abierto una investigación. No es un caso aislado: en 2015, en Olot (Cataluña), un niño de seis años murió también por difteria. Sus padres, igualmente contrarios a la vacunación, se habían negado a inmunizarlo. Aquel fue el primer caso autóctono en décadas en España.
El matiz técnico que agita el debate
Aquí entra un detalle que muchos análisis pasan por alto y que los escépticos esgrimen con frecuencia: la vacuna de la difteria es un toxoide, es decir, genera anticuerpos contra la toxina, no contra la bacteria. Documentos de Reino Unido en 2017 confirmaron que una persona con la pauta completa puede transmitir la Corynebacterium diphtheriae sin enfermar. Eso no significa que la vacuna no proteja: un no vacunado queda completamente expuesto a la toxina, que es la que mata. Pero el matiz alimenta la confusión y la desconfianza.
No todo tiempo pasado fue mejor
Frente a quienes reivindican los calendarios de vacunación de los años 70, los datos históricos son tozudos. En España, la mortalidad infantil ascendía entonces a 21 muertes por cada 1.000 nacidos vivos; hoy no llega a 3. En el mundo, la tasa pasó de casi 100 a 27 por cada 1.000. La reducción no se explica solo por las vacunas, pero sin ellas sería difícilmente imaginable. Aun así, quienes defienden la libertad de elección parental siguen viendo en cada noticia como esta una maniobra de la industria farmacéutica para imponer más pinchazos.
La muerte de la niña de Palermo ha vuelto a poner sobre la mesa la vieja pregunta: ¿hasta dónde llega la autoridad parental cuando la decisión afecta a la vida y a la salud pública? La investigación judicial tendrá la última palabra. Mientras tanto, el calendario de vacunación sigue contando cadáveres que no deberían existir.