Permítame corregirle, estimado conforero:
el garrote vil destrozaba las cervicales del reo, no el cráneo.
A no ser que el verdugo se pusiera creativo y le diese por machacar la cabeza del condenado con el instrumento en cuestión, pero no está documentado ningún caso.
Eran gente profesional
Para nada, había de todo; a verdugo solían meterse quienes no les quedaba otra, y en no pocas ocasiones se ponían muy nerviosos cuando tenían que actuar. La película El Verdugo es totalmente verídica.
Los fríos y calculadores profesionales (Bascuñana, por ejemplo) que salen en Queridísimos Verdugos contando anécdotas sí puede decirse que lo fueran, pero por lo general, la mayoría no destacaban por su competencia.
Sirva como ejemplo la de Hein Chez, a cargo del inexperto José Moreno Renomo, que se creía que ya no aplicarían la pena capital dado lo poco que le quedaba al Régimen. No había poste de fijación y el aparato estaba en mal estado, por lo que se trató de una ejecución salvaje e inhumana.
Otro fue el que ejecutó a Jarabo, un malo que se fundía la pasta en vivir de lujo, y que tenía un cuello tan poderoso que la debilidad del verdugo Antonio López Sierra no podía con él, por mucho que apretase (el garrote no sería muy potente) y falleció a la media hora de agonía.
Aquí en Jaén en los años 1921 o 24, no recuerdo (lo leí en un libro de Daniel Sueiro o Eslava Galán, ya no recuerdo cual) el verdugo era novato, iba a liquidar a un bandolero llamado Juan de Dios que había apiolado a un hombre; lo tuvo que emborrachar la Guardia Civil para que actuara... el condenado aferrado al aparato cuando lo ve venir temblando le espetó "TENGO MÁS CIGOT YO A MORIRME QUE TÚ A CANCELAR...".
Yo le digo una cosa, a mí me pagan por liquidar y ningún reparo en darle a la manivela, le parto el cuello a un tipo como BOLINAGA y me voy luego de fiesta.