Menuda persona sin honor. Por menos de eso antes había ejecuciones públicas en céntricas plazas donde hoy en día montamos mercadillos medievales y hacemos anuncios navideños de Ferrero Rocher.
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Ostras sí. La diferencia entre esas dos culturas es abismal.
Voy a desviarme un poquito del tema, pero es que es una asociación de ideas. Recuérdese lo siguiente.
Que entre los hadices más reconocidos figura el caso de una mujer adúltera, y que esta situación es muy semejante a aquella del Evangelio y, sin embargo, la respuesta del sarracin es muy diferente a la del cristianismo.
Cito:
· Resulta que tanto Jesús como Mahoma se vieron un día enfrentados con este mismo problema, como indican el evangelio según san Juan, por una parte (Jn 8), y una tradición que refieren los comentarios del Corán, por otra (sobre el Corán 5, 42).
· En el evangelio, una mujer cogida en flagrante adulterio fue conducida una mañana al templo, donde estaba enseñando Jesús. Para ponerle en aprietos, los defensores de la sarracena le preguntaron qué había que hacer. Era una trampa. La ley está clara: prescribe la lapidación. Jesús no contradice a la ley, pero hace bajar de vergüenza la frente a los acusadores, por ser tan duros con aquella mujer y tan indulgentes consigo mismos. «Que el que esté sin pecado, tire contra ella la primera piedra», dice Jesús; y todos se marcharon en silencio, uno tras otro. Jesús está lejos de aprobar el acto delictivo. Llama al pecado pecado, y al mal mal, cuando dice a la mujer: «Vete y no peques más».
· Pero su autoridad, su bondad, su firmeza son impresionantes. Actúa como señor de la ley y su perdón supera con mucho al de los demás hombres.
· En la tradición musulmana se produjo una situación análoga mientras Mahoma estaba en el oasis de Khaybar. Los judíos trajeron ante él a una mujer cogida en flagrante delito de adulterio; era una de las suyas. Le preguntaron entonces: «¿Qué hay que hacer?». Mahoma dijo que le trajeran un ejemplar de la Torá. Y como allí está escrito formalmente que hay que lapidar al adúltero, ordenó la lapidación. La obediencia a la ley se imponía a todo lo demás.
· En este caso, Jesús decide. En el otro, la decisión pertenece a la ley. En el fondo nos encontramos con dos actitudes diferentes ante la vida, ante los hombres y ante Dios, que corresponden a dos exigencias diferentes de los dogmas respectivos. La comparación podría proseguir, poniendo de relieve las dos personalidades de Jesús y de Mahoma, tal como las describen las fuentes más antiguas (los evangelios y la
Sira de Ibn Hisham).
Fin de la cita, cuya fuente es la sgte.:
Jacques Jomier: Para conocer el sarracin, Verbo Divino, 1989, 165 páginas, isbn 84 7151 641 1. Páginas 135-136.