Esto los psicólogos ya lo han estudiado, paradoja del supermercado (si tienes 25 marcas de mostaza no sabes cual coger y al final no escoges ninguna por miedo a equivocarte) y el FOMO (antiestéticar of missing out, miedo a perdértelo), que es basicamente que si me junto con un chico en plan serio podría estar perdiéndome al de turno.
Tinder para las chicas funciona como una tragaperras, siguen tirando de la palanca, les salen cerezas y algún premio de consolación de vez en cuando, pero ellas siguen esperando el premio rellenito, el hombre ideal, así que nunca están contentas ni nada les parece suficiente. El problema es que los premios rellenitos tienen patas y se largan, y cuando lo hacen, dejan una viuda del ideal, una mujer que no va a aceptar un premio de consolación y que si lo hace, será tremendamente desdichada y hará la vida imposible a quien tenga cerca.
Creo que también está relacionado con el catolicismo y con el matriarcado familiar, las niñas aprenden desde bien jóvenes el poder del atractivo y cómo mercantilizarlo. Quizás en ambientes luteranos la mujer está acostumbrada a entregar el atractivo más fácilmente y no considerarlo un bien tan mercantilizable.
Al final son como un piso que pone su piso de 2 habitaciones sin ascensor a 600.000 euros y se queja de que nadie se lo compre, porque el que tiene 600.000 euros no quiere pisos sin ascensor. Pero dile esta analogía a una mujer si quieres que no te vuelvan a hablar.