El magnate que pide un 50% de paro para acabar con la «arrogancia» de los trabajadores
Lo ha dicho sin ambages un multimillonario australiano: «El paro debe subir un 50%. Tenemos que ver dolor y acabar con la arrogancia de los trabajadores». No es un economista heterodoxo ni un político enfadado; es Tim Gurner, promotor inmobiliario de Melbourne, en una cumbre del sector. El vídeo de su intervención acumula más de 23 millones de visionados y ha reabierto la guerra de clases en diferido.
La declaración es sustancialmente más gruesa que la famosa «tostada de aguacate». En 2017, Gurner ya culpaba a los millennials de no poder comprar casa por gastar en brunch. Ahora sostiene que la pandemia desinfló la ética laboral y que la construcción australiana paga el precio de una fuerza de trabajo que se cree con derechos, o al menos eso dice.
Quién es Tim Gurner y qué propone exactamente
Gurner, de 41 años, gestiona proyectos inmobiliarios valorados en más de 3.800 millones de dólares. En la cumbre, según las informaciones recogidas, explicó que el covid había empeorado la actitud de los trabajadores. El sector de la construcción sería el mejor ejemplo de una supuesta falta de productividad. Su receta: elevar el desempleo hasta el 50% para que el miedo a perder el puesto devuelva la disciplina.
Hay quien lo lee como la versión en bruto del discurso empresarial de toda la vida: el paro de reserva como herramienta de gestión. La economía mainstream, sin embargo, recuerda que un shock de desempleo de esa magnitud no ajusta sueldos: hunde la demanda, dispara el déficit y convierte la «pereza» en un problema menor comparado con la quiebra en serie de empresas.
De las tostadas de aguacate a la «generación Kardashian»
La carrera de Gurner en el escándalo no es nueva. En 2017 aconsejó a los veinteañeros ahorrar renunciando al aguacate. Ahora añade que los jóvenes «quieren comer fuera todos los días, viajar a Europa cada año» y que viven mirando a los Kardashian como si un Bentley fuera un coche normal. Vamos, que las expectativas son «muy, muy altas».
El argumento tiene su aquél: existe una brecha real entre aspiraciones de consumo y salarios reales. Pero etiquetar esa brecha como «arrogancia» y proponer el paro como castigo colectivo es otra cosa. El propio Gurner, según algunas versiones, arrancó con una ayuda de 34.000 dólares de su abuelo. La historia del «self-made man» que predica con el ejemplo queda, cuando menos, matizada.
El eco español: ¿trabajamos menos de la mitad?
En la discusión posterior, un dato llama la atención: se afirma que en España la proporción de trabajadores privados y autónomos en activo ya anda por debajo del 50% del total, contando funcionarios, jubilados, parados y otras situaciones. Si ese cálculo se sostiene, el país llevaría años en el escenario que Gurner pide, sin que las cadenas de producción hayan explotado.
Eso no significa que estemos mejor; significa que el discurso del «vago subsidiado» choca con una realidad más compleja. El empleo público no es un agujero negro: financia servicios que mantienen el tejido social. Otra cosa es que algunos lo utilicen para dibujar un país de remolones. Conviene no confundir cansinas políticas de verano con análisis laboral.
¿Un liberal pidiendo intervención?
Apunte hipócrita: Gurner, que se vende como empresario sin complejos, está pidiendo nada menos que la intervención estatal para manipular el mercado de trabajo. Porque un paro al 50% no se consigue con la mano invisible: se consigue con políticas deliberadas de destrucción de empleo. Hay pocas cosas menos liberales que eso.
Al final, la frase puede ser un exabrupto, un cálculo político o una provocación para el algoritmo. Pero el hecho de que se diga en voz alta y reciba aplausos en según qué ambientes dice bastante del estado real de las relaciones laborales.
Si alguien aplicara la receta Gurner al pie de la letra, probablemente el primero en llorar sería el propio sector inmobiliario, necesitado de demanda solvente. Así que cabe esperar que el vídeo se quede en eso, en una pieza de museo del pensamiento empresarial enfadado. A no ser que, como ocurrió con las tostadas de aguacate, dentro de unos años lo volvamos a ver reciclado en un libro de autoayuda. Entonces, ojo.