El Mundial 2026 encara octavos con España en el foco: dudas, arbitrajes y el factor demográfico
El Mundial que coorganizan Canadá, México y Estados Unidos ha entrado en su fase decisiva. Entre el calendario de octavos de final —publicado a finales de junio— y las eliminatorias ya disputadas, el torneo ha dejado varias lecturas que van más allá del marcador. La selección española, que pasó como primera de grupo con Uruguay, ha generado un intenso cruce de análisis sobre su estilo, sus decisiones tácticas y el rendimiento individual de sus jugadores.
El dilema español: posesión sin gol y una defensa cuestionada
España ha llegado a octavos invicta pero sin convencer. El empate en la fase de grupos provocó duras críticas: se señaló la falta de extremos puros durante 80 minutos, la insistencia en el pase horizontal y la incapacidad para romper defensas cerradas. La convocatoria también fue objeto de debate: algunos apuntan que Gavi debería haber estado fuera del equipo, mientras otros defienden a Cubarsí, aunque reconocen que el joven central de 19 años ha sufrido en acciones de fuerza y posicionamiento —como ante Bélgica, donde cometió una falta que provocó amarilla y un gol en fuera de juego que no fue revisado.
El rendimiento de Lamine Yamal, pese a una asistencia de mérito, también divide opiniones. Hay quien pide que sea suplente para no quemarlo, y quien valora su capacidad de desequilibrio. En contraste, Cucurella ha sido elogiado por su solidez defensiva y su capacidad para manejar a los delanteros rivales.
Polémicas arbitrales y la sombra de la FIFA
La actuación arbitral ha sido uno de los ejes del torneo. Varios partidos han estado rodeados de sospechas: un gol de Bélgica a España que algunos consideran en fuera de juego —y que no fue revisado a fondo—; un penalti no señalado a favor de Egipto; y la sensación generalizada de que ciertas decisiones benefician a las selecciones grandes. Se ha mencionado al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, como supuesto favorecedor de Argentina, en un contexto en el que también se ha especulado con la influencia política de Donald Trump y Javier Milei. El foro recoge incluso una declaración atribuida al seleccionador de Suiza, Murat Yakin: “Nuestro portero ya ha empezado a entrenar para los penaltis; sabemos que Argentina tendrá un penalti”.
El factor demográfico: ¿está cambiando el fútbol de selecciones?
Un hilo recurrente ha sido la evolución de los equipos nacionales. Se ha destacado que en la selección del Congo solo cinco de los veintitrés jugadores nacieron en el país, y todos ellos juegan en Europa. Esto alimenta el debate sobre la muerte del fútbol de selecciones tradicional. Además, se ha señalado que Alemania (eliminada por Paraguay) y Holanda (eliminada por Marruecos) tienen plantillas cada vez más diversificadas, y que el descenso de rendimiento de las potencias europeas coincide con su “máxima negrización”, en términos del foro. El análisis demográfico apunta a que países con poblaciones medias como Holanda (18 millones) o Bélgica (11 millones) tienen dificultades para competir con naciones en desarrollo futbolístico de mayor población, mientras que Francia, con 70 millones, no logra sacar talento técnico como Pedri o Cubarsí porque, se argumenta, se lo carga en categorías inferiores.
Estrellas en declive y nuevas bestias
El torneo ha sido testigo del final de ciclo de varios grandes nombres. Cristiano Ronaldo, con 41 años, falló un mano a mano contra Nigeria y fue eliminado con Portugal. Messi, a sus 38, sigue siendo el centro de todas las miradas, pero su selección argentina es calificada como “un geriátrico” en términos de edad media. En el lado opuesto, Erling Haaland ha sido descrito como “una bestia”: sus dos goles a Brasil, uno de ellos sin carrerilla, lo sitúan como uno de los jugadores del torneo. También ha llamado la atención el nivbel de Harry Kane, con un nivel de juego que, según algunos, le permitiría ganar un Mundial a España con +3 o +4 goles de diferencia por partido.
Octavos: un camino de obstáculos
El cuadro de octavos incluía duelos como Alemania-Paraguay, Países Bajos-Marruecos, Francia-Suecia, o Inglaterra-RD Congo. El favorito en cada cruce no siempre ha ganado: Alemania y Holanda ya están eliminadas. Para España, el camino hacia el título se ha vuelto más incierto: algunos prefieren evitar a Argentina hasta cuartos, mientras que otros ven más factible medirse a Estados Unidos como anfitrión en esa fase. El debate sobre la conveniencia de toparse pronto con Argentina o esperar a una hipotética semifinal sigue abierto.
Con estos ingredientes, el Mundial 2026 se ha convertido en un laboratorio de tensiones futbolísticas, políticas y demográficas. Los octavos dejarán más respuestas o más preguntas, pero lo que está claro es que el fútbol de selecciones ya no es el que era. O quizá nunca lo fue.