Musk declara la guerra a los críticos del visado H-1B
¿Qué pasa cuando el hombre que pagó la campaña de Trump decide que su base electoral es un estorbo? Elon Musk, consejero designado para el departamento de eficiencia gubernamental, ha respondido a los votantes que critican el programa de visados H-1B con un exabrupto que se ha convertido en el símbolo de la fractura: «Da un paso atrás y que te folle la cara». La frase, adaptada de un personaje de la película «Tropic Thunder», no es una salida de tono aislada. Es la constatación de que el tecnólogo considera que quienes le votaron no entienden cómo funciona el país que dicen defender.
Qué es el visado H-1B y por qué ha abierto la guerra
El programa H-1B permite a las empresas estadounidenses contratar trabajadores cualificados extranjeros. Musk sostiene que gracias a él está en América y que sin ese instrumento no existirían SpaceX, Tesla ni «cientos de otras compañías que hicieron fuerte al país». Su postura, apoyada por el empresario Vivek Ramaswamy, choca de frente con la de una parte del electorado que votó a Trump: hay quien argumenta que el visado se ha convertido en una puerta trasera para sustituir talento nacional por trabajadores invitados con salarios más bajos, especialmente en puestos de entrada y en el sector tecnológico.
La discusión estalló cuando Musk pidió aumentar el número de trabajadores extranjeros contratados mediante H-1B para que Estados Unidos pueda «seguir ganando». La respuesta de una parte de su propia base fue inmediata: el programa, dicen, no cubre solo ingenieros de élite, sino que se usa para precarizar salarios y desplazar a trabajadores locales. El propio Trump, que en su primer mandato restringió estos visados para proteger el empleo estadounidense, ha respaldado ahora la posición de Musk, según declaró al «New York Post».
La amenaza: «iré a la guerra de una forma que no podéis comprender»
Musk no se limitó al insulto. En una serie de publicaciones advirtió de que «irá a la guerra» por el programa H-1B «de una forma que no podéis ni comprender». El mensaje tiene una lectura económica evidente: el hombre más rico del mundo, con acceso directo al próximo gobierno, está dispuesto a usar todo su poder para imponer su visión migratoria a quienes le auparon. Y una lectura política aún más incómoda: la base que creyó votar contra las élites globalistas descubre que su nuevo mesías defiende la importación masiva de mano de obra cualificada.
Hay quien sostiene que la reacción de Musk es la lógica de un empresario que necesita talento y no encuentra suficiente en el mercado local. Otros apuntan a algo más prosaico: el visado H-1B es un mecanismo que ata al trabajador a su empleador, lo que en la práctica deprime su capacidad de negociación salarial. El cálculo que circula entre los críticos es que el programa no sirve para traer genios, sino para abaratar costes en puestos que podrían cubrirse con personal formado en casa.
La fractura de la derecha estadounidense
El episodio ha dejado al descubierto una grieta que atraviesa el movimiento trumpista. Por un lado, el ala tecnolibertaria, representada por Musk y Ramaswamy, que ve la inmigración cualificada como un motor de crecimiento. Por otro, el ala nacionalista, que votó a Trump precisamente para frenar la entrada de trabajadores extranjeros. La pregunta que sobrevuela el debate es sencilla: ¿a quién representa realmente el próximo gobierno?
La respuesta que ofrece Musk es tan brutal como reveladora. No hay matices. Quien discrepe de su visión sobre el H-1B no es un adversario legítimo, es un obstáculo que será aplastado. La ironía es que ese obstáculo es, en buena parte, el electorado que le puso donde está.
El precedente que nadie cita: Standard Oil
Hay un dato histórico que conviene recordar. Estados Unidos troceó Standard Oil en su día precisamente por miedo a que una corporación acumulase más poder que el propio Estado. Hoy, un empresario con contratos públicos, plataforma de comunicación propia y acceso directo al poder ejecutivo amenaza con «ir a la guerra» contra los votantes de su propio bando. La diferencia es que Standard Oil no tuiteaba.
La discusión sobre el H-1B no es nueva, pero el tono sí. Cuando el consejero de eficiencia gubernamental insulta a la base de su propio presidente, la pregunta ya no es si el programa se reforma o no. La pregunta es quién manda en Washington. Y la respuesta, a la vista de los hechos, no parece estar en las urnas.
Datos clave del debate
- Musk pidió aumentar el número de trabajadores extranjeros contratados mediante H-1B para que EE.UU. pueda «seguir ganando».
- Trump respaldó a Musk ante el «New York Post» tras haber restringido el programa en su primer mandato.
- El visado H-1B permite a las empresas estadounidenses contratar trabajadores cualificados extranjeros.
- Musk advirtió de que «irá a la guerra» por el programa «de una forma que no podéis ni comprender».