El mercado de pareja se colapsa: ¿son las mujeres de más de 40 "chatarra"?
La frustración de una mujer ante la imposibilidad de encontrar pareja a su edad, expresada en un foro online, ha desatado un debate que va más allá de lo sentimental. "Todos los de mi edad tienen taras", lamenta, una frase que encapsula un sentimiento extendido y que resuena con crudeza en un contexto donde la economía de la vida y las relaciones personales parecen cada vez más entrelazadas.
La cruda realidad del "mercado" de la cuarentena
La conversación, iniciada hace meses, refleja una percepción generalizada de dificultad en el mercado de las relaciones para personas de mediana edad. Las analogías son directas y poco amables: ir al rastro, comprar chatarra, váteres ocupados o llenos de mierda. Se habla de "kilómetros", de "deterioro", de "equipaje" acumulado en forma de pasados, manías e hijos. La idea subyacente es que, a partir de cierta edad, la oferta de parejas disponibles se reduce a unidades con un historial que las hace menos deseables, o directamente invendibles, en un mercado que parece valorar la "novedad" y la "ausencia de tara".
El factor económico y la biología
Algunos participantes vinculan directamente esta situación a factores biológicos y económicos. Se argumenta que la biología femenina, con su reloj biológico y la menor ventaja evolutiva a medida que avanza la edad, choca con un mercado laboral y social que penaliza a las mujeres que no han formado una familia a tiempo. La crítica se dirige también a un supuesto "endiosamiento" femenino en la juventud, que dejaría a muchas sin opciones al llegar a la madurez. Las "leyes e ingeniería de la coñocracia", según un comentario, habrían alterado el orden natural, llevando a esta situación de "caos y destrucción" relacional.
¿Autocrítica o resignación?
La autocrítica, sin embargo, parece ser un bien escaso. Mientras algunos reconocen que "todo el mundo tiene taras" y la clave es la aceptación, la mayoría de los comentarios apuntan a la falta de ella en el género femenino. La solución, para algunos, pasa por la resignación: "cuando uno asume que no es compatible con nadie, mejor". Otros, más cínicos, sugieren estrategias como "inventarse que estás divorciado" para superar la barrera de la preselección. La imagen que emerge es la de un mercado de parejas cada vez más fragmentado, donde la oferta y la demanda parecen haber roto el equilibrio, dejando a muchos, especialmente mujeres de cierta edad, en tierra de nadie.
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