La 'mujer premium' y el +30 con canas: ¿un mercado sin salida?
¿Puede un hombre de 34 años, con canas y sin patrimonio, aspirar en España a una relación con una mujer de 25? La pregunta no es retórica. En el mercado de pareja, como en cualquier mercado, hay activos, deudas y expectativas de valor. Y ahí la edad y el físico pueden leerse como variables económicas.
¿Qué es una 'mujer premium'?
En la jerga de las relaciones, el término «mujer premium» describe a una competidora de alto valor: joven, atractiva, y a menudo con una personalidad que se ajusta a las expectativas masculinas de estatus. Pero el concepto es tan discutido como el propio término. Hay quien lo ve como una construcción social, alimentada por la publicidad y el cine, que responde más a la inseguridad masculina que a una realidad observable. El hombre que busca una «premium» tiene, según esta corriente, un móvil: presumir. El estatus, en ese esquema, se convierte en un fetiche.
¿El +30 con canas está condenado al celibato?
La posición más pesimista sostiene que un hombre con más de 30 años, canas y sin una posición económica sólida no tiene acceso a mujeres jóvenes en España. La competencia, dicen, es feroz: los veinteañeros acaparan la atención, y el maduro solo puede aspirar a mujeres de su edad o mayores. Se añade que la falta de vivienda o de empleo agrava el mapa. Pero no todos comparten este diagnóstico. Hay quien recuerda que la calvicie puede disimularse y que el físico se entrena. Y hay quien va más lejos: la actitud y la capacidad de moverse en círculos sociales cambian el resultado. Un testimonio cuenta que a un hombre de 44 años le escriben chicas de 18 en aplicaciones de citas; otro de 50, calvo, dice que se le acercan mujeres de 30 a 50 mientras practica CrossFit y halterofilia.
La vivienda: el factor que lo cambia todo
El acceso a la vivienda se ha convertido en un filtro previo, según una parte del análisis. La falta de piso propio se presenta como un handicap casi insalvable para un hombre de más de 30. Y no es para menos: en un mercado inmobiliario tensionado, la estabilidad se percibe como un señal de valor. De ahí que el estatus, en muchos casos, esté directamente correlacionado con la capacidad de ofrecer seguridad.
La crítica al 'valor' femenino
Una corriente del análisis cuestiona la propia etiqueta. ¿Mujer premium? Se argumenta que no existe tal cosa. La noción sería una invención de la industria cosmética y del entretenimiento, con series como «Sexo en Nueva York» o «50 sombras de Grey» como soporte. El resultado, según esta visión, es una generación de mujeres que se perciben a sí mismas como estrellas y esperan a un príncipe que no existe. Y una generación de hombres que se frustran al no alcanzar ese estándar. El propio concepto, se dice, genera un «juego de pareja» disfuncional.
Solo queda una conclusión: el mercado de pareja, como la economía, no siempre sigue el guion de los manuales. Y si a todo esto se le añade «farmear envidia», el resultado es una liga que no perdona. Pero también hay quienes, con canas y dinero, lloran en su Ferrari. Ironías del sistema.