Nacho Abad: de informar sobre la invasión a asistir a la embajada
Un periodista cubriendo en directo la invasión de Ceuta y, días después, brindando en la embajada de Marruecos. Eso es lo que se desprende de las imágenes que circulan sobre Nacho Abad, presentador de televisión. Las mismas grabaciones de su trabajo durante la crisis migratoria, según ha defendido el propio entorno del comunicador, sirvieron para que la policía detectara a agentes marroquíes camuflados entre los migrantes. Sin embargo, su presencia en la celebración del aniversario de Mohamed VI ha abierto una fractura: para unos es un acto de hipocresía; para otros, una invitación que ningún periodista debería rechazar.
La cobertura que incomodó al gobierno
Durante la crisis migratoria de Ceuta, Nacho Abad se encontraba sobre el terreno, retransmitiendo en directo. Sus imágenes, que él mismo difundió, mostraban a grupos de migrantes cruzando a nado, pero también a figuras con trajes de neopreno que parecían dirigir las operaciones. Estas imágenes habrían sido clave para la Policía Nacional, que las utilizó para identificar a agentes marroquíes infiltrados. Un desmentido práctico al discurso oficial que hablaba de una «crisis migratoria» espontánea.
La embajada de Marruecos y el dilema del periodista
La controversia estalla cuando aparece un vídeo de Nacho Abad en la embajada marroquí, durante los actos por el aniversario de Mohamed VI. Surge entonces la acusación de «complacencia» con el régimen alauí. No obstante, los defensores del periodista recuerdan que fue invitado, como muchas otras personalidades, y que asistir no implica ser un acólito. Además, señalan que se ha enfrentado a embajadores marroquíes en televisión, llamando «invasión» a lo que otros llamaban «apoyo humanitario». La etiqueta de «ultraderechista» que algunos le asignan choca con la de «amigo de Marruecos» que otros le endosan.
Un debate sobre los límites del oficio
La polémica trasciende a Nacho Abad: plantea si un periodista puede relacionarse con fuentes que representan a un país al que critica duramente. La doble vara de medir es evidente: los mismos análisis que aplauden a otros por entrevistar a un presidente o asistir a una cena de gala, ahora vetan a un presentador por hacer lo mismo con un estado amigo de España. Nadie cuestiona que vaya a las fiestas de la embajada de Estados Unidos, por ejemplo. La diferencia está en el país.
Queda la pregunta: ¿es posible informar con distancia sobre un régimen y, a la vez, compartir su mesa? La respuesta tal vez dependa de quién sea el que juzga, no del que asiste.