20 años de taxi, una deuda y dos diagnósticos psiquiátricos
Un trabajador autónomo del taxi en Las Palmas de Gran Canaria relata en público una cuenta que no sale: más de veinte años de trabajo, el vehículo como único bien y un balance donde solo aparecen deudas. El mismo relato, firmado por su autor, sitúa en 2017 un diagnóstico de trastorno bipolar y en 2021 uno de trastorno esquizoafectivo. A los 45 años, resume, ya no queda nada de lo que pudo ser.
Por qué 20 años de taxi pueden acabar en deuda
Un taxi no es patrimonio, es herramienta: se deprecia cada año y arrastra costes fijos —licencia, seguro, combustible, mantenimiento— antes de que el conductor cobre el primer servicio. Quien lleva dos décadas al volante lo sabe. El margen depende del día, y el día depende de la temporada turística, de las tarifas y de la competencia de las plataformas. Veinte años de esfuerzo, en ese esquema, no garantizan nada.
Dos diagnósticos que no caben en la cuota de autónomos
Los diagnósticos de 2017 y 2021 solo constan porque su autor los ha hecho públicos; nadie los ha confirmado. Pero señalan un cruce que la estadística laboral no mide: enfermedad mental crónica dentro del régimen de autónomos, donde no hay empresa que cubra la baja ni compañero que haga el turno. Si no se trabaja, no se factura. Y si no se factura, no se paga.
La reacción: chanza donde cabía otra cosa
La acogida del mensaje mezcló incomodidad, algún apoyo y mucha burla. La exposición pública de un problema psiquiátrico suele activar antes el chiste que la pregunta, y este caso no fue la excepción. Debajo quedaba un tercer eje que nadie discutió: la soledad a los 45 años y la sensación, escrita por el propio autor, de haber dejado pasar a la única mujer que dice haber querido.
Queda el dato, y el dato no cierra nada. Veinte años de trabajo, un coche, ninguna respuesta. La parte económica tiene explicación: margen fino, costes fijos, cero colchón. La otra se detiene justo donde la contabilidad deja de servir.