“Parirás con dolor”. Juan Luis Arsuaga explica por qué
Para el paleobiólogo Juan Luis Arsuaga, el dolor del parto es inherente a la evolución de la especie. “Dos dificultades lo hacen más doloroso que el del resto de los primates: el tamaño del cerebro y el canal del parto”, explica a Sinc el catedrático de Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid y director científico del Museo de la Evolución de Burgos, que habló sobre la aventura evolutiva del parto en su libro
El primer viaje de nuestra vida.
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Otro problema del
Homo sapiens es el tamaño de su cráneo: “
Somos cabezones y esto provoca un parto más ajustado. No sucede así en otros primates, como los chimpancés, cuyo parto es muy simple porque son muy grandes y el cuerpo crece más deprisa que la cabeza”. En cuanto a los neandertales, pese a que el procedimiento del parto era el mismo, sus caderas anchas harían el trance más fácil.
Desde que
Lucy, nuestra progenitora
Australopithecus, se puso de pie, se modificó el canal del parto. “En el resto de los primates es recto, pero en las humanas
el útero y la zona íntima forman un ángulo de 90 grados. Además,
el canal del parto tiene la forma de un cilindro retorcido que cambia de diámetro, como un tornillo doblado”.
Ser cabezones, además de condenar a las madres a parirnos con dolor, nos obliga a nacer desvalidos. "Si cerebro se desarrollase de manera óptima antes de nacer, el bebé no podría atravesar el canal del parto“, aclara.
Esta debilidad alarga la crianza, lo que quizá propició la menopausia. "Puede ser más rentable que las energías de las hembras adultas se utilicen en la crianza de sus nietos que en dar a luz a bebés que no pueden terminar de criar“, concluye el paleobiólogo.