Ábalos no suelta el escaño: su voto vale un Gobierno
Un hombre que rescató una aerolínea con
53 millones de euros de dinero público negocia ahora su salida del PSOE. Y no suelta el acta de diputado. La paradoja es la única certeza del caso que lleva su apellido: José Luis Ábalos se va del partido, pero del escaño no piensa moverse.
Ese detalle, que suena a trámite administrativo, sostiene todo el tablero. El escaño es personal, no del partido: aunque lo expulsen de la formación, sigue siendo diputado y su voto sigue contando. Con la mayoría del Ejecutivo en el filo, ese voto vale más que cualquier comunicado de condena.
Por qué el escaño de Ábalos decide votaciones en el Congreso
La aritmética es tozuda. El Gobierno legisla con los votos justos, y eso convierte cada acta en una pieza de museo. Si Ábalos se va al grupo mixto pero mantiene la disciplina de voto, el Ejecutivo respira. Si se enfada, no hay ley que salga.
Hay quien sostiene que la salida del partido es un castigo de fachada pactado para vender firmeza: se expulsa al señalado para demostrar que
aquí no toleramos la corrupción, y a los pocos meses el señalado reaparece en un puesto cómodo. Es la tesis del lavado de imagen, y tiene precedentes en la política española reciente. En contra juega el argumento contrario: una operación así exige que el afectado acepte el papel de sacrificado, y Ábalos no parece por la labor de hacer teatro gratis.
La tercera vía es la más cínica y la más probable: ni expulsión rápida ni ruptura limpia, sino una negociación lenta, con el acta como moneda de cambio y el silencio como impuesto.
Las acusaciones: de Plus Ultra a la trama de mascarillas
El listado que circula sobre el exministro es largo y está pendiente de acreditación judicial. Incluye el rescate de Plus Ultra con
53 millones de euros, el ascenso del mando policial que habría ordenado silencio a los agentes de Barajas la noche del episodio de las maletas vinculadas a Delcy Rodríguez, y el cese de un coronel de Fomento que investigaba ese asunto para colocar en su lugar a un allegado de su entorno.
A eso se suma una querella contra Alvise Pérez por señalar visitas a paraísos fiscales, contratos de material sanitario y desplazamientos con efectivo; fiestas y viajes a paradores e Ibiza en plena pandemia; y una trama de mascarillas cifrada en
131 millones de euros que da nombre al caso. También FIADELSO y una ristra de subvenciones sin explicación documental, además de la colocación de familiares —sobrino, exmujer, suegro— en administraciones públicas o en entes subvencionados. Todo ello, insistimos, en el terreno de la imputación y la sospecha, no de la sentencia.
Lo llamativo no es la lista. Lo llamativo es que la lista no ha tumbado a nadie.
El calendario judicial: la operación que esperó a las urnas gallegas
Uno de los datos que más ha circulado apunta a que la Audiencia Nacional congeló la operación del caso hasta que cerraron los colegios electorales en Galicia. Si eso es cierto —y conviene recordar que se trata de una afirmación atribuida, no de un hecho confirmado—, el mensaje que envía a la ciudadanía es devastador: la maquinaria judicial y la maquinaria electoral comparten calendario.
De ahí sale la hipótesis del último plazo simulado, la que sostiene que el ultimátum a Ábalos es coreografía. Se le deja caer del partido, se filtra que negocia, se permite que comparezca con lágrimas y todo queda igual. Lo único que cambia es el membrete.
¿Dimitir para qué? El aforamiento como seguro de vida
Aquí está la pregunta que nadie responde en voz alta. Un diputado no dimite porque dimitir implica perder el aforamiento, y perder el aforamiento implica pasar a ser juzgado por un tribunal ordinario sin las cortesías procesales del Tribunal Supremo. Para un investigado, esa diferencia no es un detalle técnico: es la frontera entre el despacho y el banquillo.
Así que la negociación no va de dignidad. Va de garantías. Y de dinero, porque el acta paga la hipoteca y el silencio, bien gestionado, paga más.
Queda una última pieza sin encajar, y es la que más incomoda: si el acta es el único seguro que le queda, ¿alguien cree de verdad que la va a devolver por voluntad propia?