Hay una trampa mental en la que casi todos caemos en algún momento de la vida. Se llama felicidad condicional, y suena más o menos así: "Cuando termine la carrera seré feliz, cuando tenga dinero seré feliz, cuando encuentre a la persona correcta, cuando compre la casa, cuando llegue a ese punto... entonces sí."
El problema es que ese punto nunca llega del todo (Y si llega, rápidamente aparece otro punto más adelante). Vivimos adelantando la vida hacia un destino que siempre se mueve (El peligro del apego a una sola fuente de sentido).
Ejemplo:
Steve Jobs dedicó su vida entera a Apple. Era su identidad, su propósito, su razón de ser.
Cuando fue diagnosticado con cáncer, uno de sus mayores lamentos, según quienes estuvieron cerca de él, fue haber postergado tanto tiempo las cosas simples (estar presente con sus descendientes, disfrutar de una comida sin prisa, caminar sin un objetivo concreto…)
Había construido su felicidad sobre un solo pilar, y cuando ese pilar comenzó a tambalearse, todo lo demás también.
No se trata de no tener metas, se trata de no hipotecar el presente entero a una sola de ellas (la vida no espera a que estés listo).
El hecho de que tengas proyectos a largo plazo no garantiza que vivirás lo suficiente para verlos realizados. Eso no es pesimismo, es lucidez. Y esa lucidez tiene una pregunta muy concreta al fondo: “si hoy fuera tu último día, ¿podrías decir que viviste, o que solo estuviste esperando?”
La vida es demasiado corta como para creer que solo podrás disfrutarla cuando llegues a cierto punto, todas las etapas tienen su propia magia (La juventud incierta, la adultez que se construye, la vejez que reflexiona).
Pero siempre buscamos adelantar la vida hacia el momento en que creemos que por fin seremos felices, sin entender que nada asegura que llegarás a ese punto (El camino es el destino).
Los estoicos tenían un concepto para esto: “amor fati, el amor por lo que es. No resignación, sino la capacidad de encontrar valor en cada momento tal como se presenta, sin necesitar que sea diferente para tener sentido.”
La felicidad no es un destino al que se llega, es una forma de caminar. Y quien espera llegar a un solo lugar para empezar a ser feliz, se arriesga a pasar toda la vida esperando.
El problema es que ese punto nunca llega del todo (Y si llega, rápidamente aparece otro punto más adelante). Vivimos adelantando la vida hacia un destino que siempre se mueve (El peligro del apego a una sola fuente de sentido).
Ejemplo:
Steve Jobs dedicó su vida entera a Apple. Era su identidad, su propósito, su razón de ser.
Cuando fue diagnosticado con cáncer, uno de sus mayores lamentos, según quienes estuvieron cerca de él, fue haber postergado tanto tiempo las cosas simples (estar presente con sus descendientes, disfrutar de una comida sin prisa, caminar sin un objetivo concreto…)
Había construido su felicidad sobre un solo pilar, y cuando ese pilar comenzó a tambalearse, todo lo demás también.
No se trata de no tener metas, se trata de no hipotecar el presente entero a una sola de ellas (la vida no espera a que estés listo).
El hecho de que tengas proyectos a largo plazo no garantiza que vivirás lo suficiente para verlos realizados. Eso no es pesimismo, es lucidez. Y esa lucidez tiene una pregunta muy concreta al fondo: “si hoy fuera tu último día, ¿podrías decir que viviste, o que solo estuviste esperando?”
La vida es demasiado corta como para creer que solo podrás disfrutarla cuando llegues a cierto punto, todas las etapas tienen su propia magia (La juventud incierta, la adultez que se construye, la vejez que reflexiona).
Pero siempre buscamos adelantar la vida hacia el momento en que creemos que por fin seremos felices, sin entender que nada asegura que llegarás a ese punto (El camino es el destino).
Los estoicos tenían un concepto para esto: “amor fati, el amor por lo que es. No resignación, sino la capacidad de encontrar valor en cada momento tal como se presenta, sin necesitar que sea diferente para tener sentido.”
La felicidad no es un destino al que se llega, es una forma de caminar. Y quien espera llegar a un solo lugar para empezar a ser feliz, se arriesga a pasar toda la vida esperando.