El kebab reina en Europa y nadie sabe explicar por qué
El kebab es el triunfo de la comida mediocre sobre la lógica. O al menos eso parece: en plena era de la alimentación consciente, los locales de kebab siguen llenos. La explicación no es el gusto: es la ecuación precio-cantidad-urgencia.
De 3 a 6 euros: el precio de un fenómeno
El kebab costaba 3 euros y llenaba; hoy cuesta entre 5 y 6 y deja casi igual. Aun así, sigue siendo la opción más barata para comer en la calle. La industria juega con esa ventaja, y el consumidor, con la vista gorda.
Lo que hay dentro del rollo
La lista de ingredientes es poco presentable: cortes no comerciales como ojetes, ubres, párpados y orejas, transformados en harina cárnica especiada. La sal, el azúcar y la grasa hacen el resto. Los nutricionistas lo colocan en lo más bajo de la comida basura, pero el camuflaje funciona.
El kebab es, además, un fenómeno europeo. En los países musulmanes apenas tiene presencia y lo consideran comida basura. Aquí se ha convertido en clásico de madrugada, un recurso sin pretensiones que se defiende con una palabra: está bueno.
¿Hasta cuándo aguantará el mito?
Con la subida de precios, el kebab podría perder su única ventaja competitiva. Si llega a costar lo que un menú medio, es probable que el imperio empiece a resquebrajarse. O no. El misterio de por qué lo comemos sigue sin respuesta.