No es Ceuta, es Benidorm: quién paga la fiesta
Un coche aparcado en la zona inglesa de Benidorm amanece con la luna reventada. Sobre el cristal, una pegatina que muchos leen como GB. La escena, con variantes, se repite cada temporada alta, y esta vez se ha difundido bajo una consigna que resume el cabreo: «No es Ceuta, es Benidorm». El episodio ha reabierto la discusión sobre el coste real del turismo de borrachera y sobre quién asume la factura de los destrozos.
Quién paga los destrozos: el seguro obligatorio al touroperador
La propuesta con más recorrido es obligar a los touroperadores a suscribir un seguro de responsabilidad civil por cada viajero que embarquen en sus paquetes turísticos. La lógica del planteamiento: si el organizador responde de los daños, reclamará después al cliente que se salió del tiesto, y el paquete dejará de salir tan barato. Hay quien sostiene que el problema no es el turista individual sino un modelo que compite a base de precios de risa y alcohol sin límite.
En contra pesa el argumento de que la responsabilidad civil ya es exigible a quien rompe, con o sin seguro de por medio, y que cargar el coste al organizador encarecería un sector del que viven miles de familias en la costa.
Policía, seguridad privada y la comparación que nadie cierra
La segunda línea del asunto es la respuesta institucional. Se argumenta que en Benidorm el despliegue policial se activa con rapidez ante incidentes con turistas británicos, y que la seguridad privada de los locales hace buena parte del trabajo antes de que llegue la patrulla. Frente a eso, la comparación con otras fronteras se atribuye a un clima de tolerancia que, según esa lectura, se arrastra desde hace cinco décadas.
La única cifra que se repite al hablar de este turismo son esos 50 años de manga ancha. Lo que cuesta de verdad, nadie lo ha puesto por escrito.