El «prime» de Paloma San Basilio: nostalgia de lo que nunca fue
Hay afirmaciones que resumen una época. «No haber gozado a Paloma San Basilio en su mejor momento ha destrozado mi vida» podría ser una de ellas. La frase, con ortografía de andar por casa, ha dado pie a un intercambio en el que se mezclan la nostalgia, el cinismo y una pizca de autoparodia. No es una crítica musical: es un espejo de cómo internet fantasea con el pasado.
El término «prime», importado del deporte y los videojuegos, se aplica aquí a una cantante de los años setenta. En 1976, año que algunos evocan, Paloma San Basilio estaba en plena carrera. Pero el intercambio no va de méritos artísticos: va de deseo y percepción.
El colmo de la ironía llega cuando alguien compara no haber «probado» a la artista con la trayectoria de Donald Trump, que llegó a presidente tras su paso por la televisión. La comparación, voluntariamente grotesca, ilustra hasta qué punto el asunto se toma en broma.
El papel de la especulación estética
También se alude a los supuestos retoques estéticos de la cantante desde los años noventa, en un tono que oscila entre la burla y el cinismo. La conversación sobre el cuerpo de las figuras públicas se convierte en un terreno de caza. Este fenómeno, recurrente en la cultura digital, revela más sobre los observadores que sobre la observada.
Si algo enseña este intercambio es que la nostalgia del «prime» dice más de quien la siente que de quien es idealizado. Seguramente dentro de unos años alguien escribirá el mismo titular sobre otra figura. Y lo más probable es que el fondo del mensaje sea igual de vacío.