Ucrania, sin paraguas y con una industria occidental que no da más
Paradójico: cuando Occidente vende la imagen de una Ucrania que devuelve los golpes, la prensa británica reconoce que los ataques contra Rusia son “pellizcos al oso”. Y el problema más serio no está en el frente ucraniano, sino en las fábricas de misiles de medio mundo.
Los ataques que no doblegan a Rusia
Según el análisis difundido por The Spectator, los drones y misiles ucranianos contra la infraestructura rusa apenas causan daño estratégico. Mientras tanto, las existencias de sistemas de defensa antiaérea en Ucrania se agotan por destrucción y falta de reposición. La ayuda occidental no llega, y no porque no se quiera: porque la industria militar de Estados Unidos y Europa está al límite. De hecho, EE.UU. tendría apenas reservas para defenderse a sí mismo.
¿Escasez real o racionamiento calculado?
Hay quien defiende que la OTAN cuenta con enormes arsenales y que los entrega a cuentagotas para alargar la guerra; otros responden que esa teoría es un espejismo que oculta el dato incómodo: occidente lleva décadas desmantelando capacidad de producción de armamento. Si los almacenes estuvieran llenos, no haría falta que el Reino Unido pidiera a sus fábricas “producir más misiles para Ucrania”, como reclama el propio artículo del Spectator. Tampoco ayudan las advertencias del antiguo jefe del ejército ucraniano, que apuntan en la misma dirección: sin misiles, no hay defensa posible.
La pregunta incómoda es si Europa y EE.UU. pueden sostener una guerra de desgaste sin haber reconstruido su base industrial. Y si la respuesta es no, ¿quién asume el coste político de admitirlo?