El negocio de las gafas del eclipse: cartón con sello a precio de oro
Veinte pares por cuatro pavos. Eso pagó un comprador previsor por las gafas “certificadas” para el eclipse. A dos duros la unidad, la oferta parece un chollo, pero esconde exactamente lo que uno teme: cartón con papel de plata y un sello que nadie ha verificado. La desconfianza hacia estos productos no es nueva, pero cada evento astronómico renueva la duda.
El sello que no garantiza nada
La norma ISO 12312-2 es el estándar que certifica un filtro solar seguro. El problema es que la etiqueta se imprime en cualquier imprenta. Un lote de cartulina aluminizada fabricado sin control puede llegar al mercado con la pegatina puesta. Hay fabricantes serios, como Baader o Thousand Oaks, pero distinguirlos del cartón de toda la vida no está al alcance del comprador medio.
La alternativa sin gasto: caja de zapatos y colador
Frente al negocio, el bricolaje. Una caja de zapatos, papel de aluminio, un alfiler y un folio blanco bastan para proyectar el eclipse sin mirar al sol. Si no hay caja, un colador de cocina hace el mismo efecto en el suelo. Cero euros, cero riesgo. La opción de la máscara de soldador, aunque fiable, tiene trampa: los modelos electrónicos se oscurecen unos segundos y nadie garantiza que aguanten los cuatro minutos del evento.
El dato que descoloca llega de los previsores: 20 pares por 4 euros. Tan barato que resulta imposible fiarse, y tan simple que quizás lo único imprescindible sea una caja de zapatos. La vista no tiene precio, pero el cartón, desde luego, no vale lo que piden por él.