El Concorde voló 30 años, pero nunca fue rentable
El 26 de noviembre de 2003, el último vuelo comercial del Concorde aterrizó en Bristol. Ese día murió el único avión supersónico de pasajeros que ha operado regularmente. Tres horas y media para cruzar el Atlántico, algo que los hombres de hace 100 años ni imaginaban. Pero la pregunta que sobrevuela cualquier conversación sobre el aparato es incómoda: ¿por qué no hemos sido capaces de repetirlo? La respuesta corta, según los participantes en el debate, es que la física es muy cabrona y el petróleo dejó de ser barato.
El proyecto nació en los años 60, cuando el queroseno valía casi nada. En 1973 llegó la crisis del petróleo y los costes de combustible se dispararon. Aun así, según un cálculo que circula en el hilo, el billete del Concorde no era sustancialmente más caro que uno de primera clase en un 747: apenas un 10%-15% más. Lo que mató al avión, según estas mismas opiniones, no fue el precio del billete, sino que las aerolíneas prefirieron invertir en subsónicos más rentables. Un avión que gastaba una cantidad enorme de combustible, con motores de los años sesenta que cada vez estaban más cerca de no cumplir la legislación sobre ruido y contaminación.
¿Por qué se canceló el Concorde si era técnicamente viable?
La cancelación del Concorde no fue un fracaso tecnológico, sino económico. El avión podía volar a Mach 2.2, a 56.000 pies de altura, donde la temperatura ambiente es de -57ºC. El pico de proa alcanzaba los 153ºC. El fuselaje se dilataba varios centímetros y los pasajeros apenas podían tocar las ventanillas, que en algunos puntos superaban los 100 grados. Todo eso requería un mantenimiento mucho más exigente que un avión normal.
British Airways y Air France lo operaron durante décadas, pero nunca fue un producto masivo. Según un participante, iba siempre medio vacío. Su público eran altos ejecutivos que necesitaban cruzar el Atlántico y volver el mismo día. La mejora de las telecomunicaciones y los controles de seguridad —que obligan a estar una hora antes en el aeropuerto— le comieron el terreno. ¿Qué sentido tiene ahorrar una hora de vuelo si la pierdes en la terminal? Por videollamada haces lo mismo y envías los documentos en segundos.
Hay quien sostiene que la cancelación escondió algo más. Que si no era rentable, tres potencias económicas como EEUU, Reino Unido y Francia podían haberlo subvencionado para mantenerlo como servicio de lujo o para emergencias. Otros recuerdan que los proyectos supersónicos estadounidenses acabaron todos en la papelera y que el Concorde era impopular entre la plebe por el ruido. La realidad es que la tecnología aeroespacial siguió avanzando por otro camino: el subsónico.
El legado inesperado: de un avión fallido nació Airbus
La colaboración franco-británica para el Concorde fue la génesis de Airbus. El consorcio europeo que hoy compite con Boeing nació de aquel proyecto. Airbus ha dado aviones como el A380, mucho más impactante para algunos que el propio Concorde. El fracaso comercial del supersónico no impidió que Europa aprendiera a construir aviones civiles a gran escala.
El Concorde dejó también imágenes para la historia. En 1998, un pasajero lo vio en la pista del JFK y lo describió como el avión más hermoso jamás construido. Todo era primera clase, con champán durante las tres horas de vuelo. Una anécdota cuenta que la actriz Joan Collins, invitada a la cabina, se sentó enseñando muslo y dijo a los pilotos algo así como «señores, no desvíen la mirada». El copiloto, joven, le respondió algo parecido a «señora, si podría usted ser mi madre».
¿Habrá algún día un sustituto del Concorde?
Hoy no hay ningún avión supersónico comercial en servicio. Los proyectos que existen son para jets privados de millonarios. El Bombardier 8000, por ejemplo, hace Mach 0.94 en vuelo horizontal y algo más de Mach 1 en ligero picado. Para los que no saben en qué gastarse la pasta, hay quien se compra su propio jet militar supersónico, aunque es una forma de viajar incómoda y poco premium.
La física impone unas exigencias energéticas demasiado grandes. Las ganancias de eficiencia ya son asintóticas. Salvo milagro, seguiremos con las actuales envolventes de vuelo. El último gran logro tecnológico de la Humanidad fue el transistor, y eso lo parieron los abuelos de los que hoy discuten sobre el Concorde. Mientras tanto, el AVE entre capitales europeas parece mucho más útil que un capricho supersónico.
Datos clave del Concorde
- Velocidad: Mach 2.2
- Altitud: 56.000 pies
- Temperatura del pico de proa: 153ºC
- Temperatura ambiente a esa altura: -57ºC
- Temperatura de las ventanillas: más de 100ºC
- Duración del vuelo transatlántico: 3 horas y media
El Concorde voló durante 30 años. Nunca fue rentable. Pero tampoco lo fue el transbordador espacial. La diferencia es que el Concorde era bello. Y eso, en economía, no cuenta.