La foto que retrata el absurdo de las grandes obras en Madrid
¿Qué imagen define mejor la desconexión entre el poder y la calle? Una instantánea que circula estos días muestra a decenas de personas trajeadas caminando sobre una explanada de asfalto, cada una en una dirección distinta, sin aparente orden. La escena, que algunos han comparado con Matrix o Gattaca, no es un rodaje de ciencia ficción, sino la presentación del nuevo óvalo de la capital, un proyecto que ha cortado el tráfico y levantado ampollas.
La fotografía, tomada durante un acto oficial, ha generado un debate que mezcla humor negro y crítica urbanística. Mientras unos ven una coreografía burocrática fuera de lugar, otros apuntan que el problema de fondo es la obsesión de la Comunidad de Madrid por megaproyectos faraónicos que, en lugar de mejorar la movilidad, la estrangulan. No es baladí el contexto: tras acoger un partido de la NFL en el Bernabéu y mientras se rumorea la llegada de la NASCAR, algunos se preguntan si el nuevo circuito no será la excusa para más cortes de tráfico y un coste millonario que, como tantas veces, acabará pagando el contribuyente.
La imagen, en su absurdo bucólico, condensa una tensión política que lleva años cocinándose: ¿están estas infraestructuras pensadas para el ciudadano o para la foto? Las redes sociales, que no perdonan, se han encargado de viralizar la paradoja. Pero la pregunta incómoda sigue ahí: ¿cuánto vale una foto en asfalto partida en mil direcciones?