¿Por qué cada vez vemos más mayores con copa en mano?
El consumo de alcohol entre la población mayor de 60 años ha crecido en España un 12% en la última década, según datos del Ministerio de Sanidad. Lejos de ser una cuestión meramente social, el fenómeno tiene implicaciones económicas directas: las urgencias hospitalarias por intoxicaciones etílicas en este grupo de edad se han duplicado desde 2015, con un coste estimado de 1.200 euros por episodio.
Más allá de las cifras, el problema choca con la percepción social. Ver a personas mayores bebiendo en grupo —con la estética de los cubatas de los 80— se ha normalizado, pero la realidad es que el alcohol agrava patologías crónicas y resta años de vida laboral activa. En un país con una edad de jubilación efectiva que ya supera los 64 años, mantener hábitos de consumo excesivo entre los seniors no es solo una cuestión de salud: es un lastre para la productividad y las cuentas de la Seguridad Social.
El perfil del bebedor senior: nostalgia y mercado
La industria del alcohol lo sabe. Marcas como Larios o DYC han rediseñado sus campañas para apelar a la nostalgia de los nacidos en los 60 y 70. El vaso de tubo y el combinado de toda la vida se venden como un revival. Pero lo que para el marketing es una oportunidad, para el sistema sanitario es una alerta. Cada ingreso por cirrosis relacionada con el alcohol en mayores de 60 cuesta de media 9.500 euros al sistema público.
¿Hay vuelta atrás?
Las campañas de prevención apenas llegan a este segmento. Mientras tanto, los datos apuntan a que el consumo se concentra en reuniones sociales donde el alcohol es el eje. La ironía es que, en una economía que necesita alargar la vida laboral, muchos adultos se juegan su salud por un cubata. Y el sistema, mientras, paga la factura.