Sin 'entornito' no hay currículum que valga: el empleo y la vivienda también se heredan
No tener entorno no es solo un problema para el sábado por la noche: es un lastre económico de primera magnitud. La comparación entre currículums iguales y resultados desiguales no aguanta el análisis desde que se incorpora la palabra “contactos”. Quien carece de cuadrilla, círculo o padrino pierde en lo afectivo, pero sobre todo en lo prosaico: empleo, vivienda y acceso al crédito.
A igualdad de capacidades, el que sabe moverse entre jefes y genera “chispa” se queda; el que cumple, no da que hablar y no cae en gracia, va fuera. Es la ley del cuadrillismo trasladada a la empresa, pública o privada. La versión más descarnada cita a quien cobra 25.000 euros netos al mes por ser hija de papá. La meritocracia, en ese relato, es un manual que nadie aplica.
La queja arranca a menudo en el plano afectivo —colegas peor dotados pero instalados en grupitos— y deriva hacia lo esencial: el entorno también mueve el precio de la vivienda y la estabilidad laboral. Hay quien responde que entre malas compañías y soledad, mejor la segunda, pero esa elección tiene un coste de mercado que pocos pueden pagar.
La conclusión tiene algo de sentencia: a nadie le importas si no tienes entorno. Mientras el capital social se reparta como herencia, la igualdad de oportunidades seguirá siendo el más caro de los eufemismos. Cabe pronosticar, con reservas, que el “entornito” ganará la partida al mérito; lo inquietante es que nadie tiene prisa por cambiarlo.