No va, no me deja: la pereza digital que se extiende
Enviar un enlace a un amigo o familiar y recibir como respuesta "no me deja", "no se abre" o "no va" es una experiencia tan común como frustrante. Un vistazo a la realidad cotidiana revela que, a pesar de la omnipresencia de internet, una gran parte de la población sigue sin tener los conocimientos más básicos para resolver un problema técnico. Lejos de intentar entender qué ocurre, se limitan a declarar que la página no funciona, sin explorar siquiera si el problema es suyo.
La brecha generacional y la despreocupación
La situación no es nueva. Ya en 2004 y 2005, algunas webs personales incluían avisos de usuarios que se sentían avergonzados de aparecer en internet. Hoy, la brecha se ha trasladado a las redes sociales: muchos usuarios ni siquiera saben cómo conceder permisos de acceso, y cuando un servicio les pide autorización, pulsan "aceptar" sin leer. La pregunta sobre si Google puede guardar el número de la tarjeta de débito es un ejemplo de la despreocupación general.
El manual que nadie quiere abrir
En entornos laborales, el problema se agrava. Un empleado de soporte técnico describe cómo han elaborado un manual detallado para resolver los problemas más comunes del navegador, pero nadie lo abre. El 90% de las incidencias se resolverían limpiando la caché y las cookies o comprobando la VPN, pero la mayoría prefiere llamar por teléfono y molestar al equipo técnico.
Una cuestión de actitud, no de edad
Hay quien defiende que estas actitudes son comprensibles en mayores de 80 años. Sin embargo, la realidad es que el fenómeno se da en todas las edades. No es una cuestión de inteligencia sino de pereza: falta de iniciativa para probar, para leer las instrucciones o para entender que internet no es un ente mágico que funciona solo. Mientras tanto, la expresión "no me deja" se convierte en el mantra de una sociedad que quiere resultados sin esfuerzo.
La brecha digital no es solo una cuestión de acceso, sino de actitud. Saber usar internet es un requisito básico, y la excusa de "no va" se está convirtiendo en una barrera invisible que impide avanzar. La única solución pasa por fomentar la alfabetización digital desde edades tempranas y, sobre todo, por la voluntad de aprender algo más que pulsar un botón.