Núcleo Nacional: el enésimo intento de reagrupar a la derecha más dura
El fenómeno Núcleo Nacional ha irrumpido en el debate político español con la virulencia y la ambigüedad propias de los movimientos que nadie sabe bien si son semilla o ficción. Apenas una semana de vida pública basta para que sobre él planeen acusaciones cruzadas: desde ser un grupo de
ultraderecha diseñado para dividir el voto patriota hasta ser una operación de bandera falsa con infiltrados policiales. El escepticismo es la actitud dominante.
Las sospechas de infiltración son el leitmotiv. Hay quien sostiene que NN no es más que otro intento de la policía o el CNI para controlar a la extrema derecha, una teoría recurrente en estos círculos. Otros, sin embargo, ven en sus miembros a auténticos creyentes, aunque los califican de «actores» que deslucen la imagen del nacionalismo. La parodia también campa a sus anchas: apelativos como «Núcleo Nuncafollista» o referencias a grupos extintos como el de Piñar salpican las redes.
Mientras tanto, los lemas contra la inmigración y la exaltación patriótica se entremezclan con la promesa de un voto duro que no encuentra cauce desde la desaparición de Fuerza Nueva. El relato oficial sobre NN sigue sin escribirse —quizá porque ni siquiera existe un relato—. Lo único seguro es que, por ahora, genera más ruido que militantes.