Francia planea un cable submarino con Marruecos que esquiva la red eléctrica española
Francia y Marruecos estudian el proyecto Qantara Med: un cable submarino de 1.300 kilómetros que conectaría Nador con Fos-sur-Mer, saltándose por completo la red española. La iniciativa, impulsada por la británica Xlinks tras el rechazo de Reino Unido a su plan original, pretende trasladar el punto de entrada de electricidad africana a Europa directamente a territorio francés. Con tecnología HVDC de 525 kV y una capacidad de 3,6 GW, el cable reduciría las pérdidas al 4-6% y convertiría a Francia en el nuevo hub energético con África.
Un bypass energético que evidencia el aislamiento ibérico
La Península Ibérica es hoy una isla eléctrica. La capacidad de intercambio con Francia es de solo 2.800 MW, apenas el 2,5-5% de la potencia instalada española. Ampliarla a 5.000 MW en 2028 –vía el proyecto del Golfo de Vizcaya– no alcanzará el 15% exigido por la UE para 2030. El comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, ha reconocido que Francia ha sido históricamente reacia a mejorar las interconexiones con España. El motivo, según Bruselas: teme que la Península se convierta en un competidor excesivamente fuerte en renovables si puede exportar su excedente. Qantara Med es la respuesta gala: un enlace directo con Marruecos que margina a España y consolida el control francés sobre los flujos eléctricos entre África y Europa.
La tecnología HVDC: pérdidas asumibles y un recorrido de récord
Las críticas iniciales sobre pérdidas estratosféricas quedan desmontadas por la propia tecnología. El sistema de corriente continua de alta tensión (HVDC) minimiza las pérdidas en largas distancias. Con 525 kV y configuración bipolar, las pérdidas totales –incluyendo conversión– se estiman entre el 4 y el 6%. No es un salto al vacío: el cable Noruega-Reino Unido ya demostró la viabilidad técnica. El trazado de 1.300 km obligará a sortear aguas españolas o italianas, lo que añade un componente geopolítico que algunos analistas ven como una futura fuente de presión.
El contexto de una relación históricamente tensa
No es la primera vez que Francia toma decisiones energéticas que perjudican a España. El gasoducto argelino Medgaz, financiado en parte por España, acabó beneficiando a Marruecos a pesar de las condiciones iniciales. La reapertura del Canfranc se retrasa una y otra vez, y Renfe ha aparcado su alta velocidad a París ante las trabas francesas. En este escenario, Qantara Med es leído por muchos como un nuevo episodio de una rivalidad soterrada bajo el paraguas de la UE y la OTAN.
Dos lecturas enfrentadas
Hay quien defiende el proyecto como un movimiento lógico de diversificación: Francia necesita energía nuclear para su parque y para abastecer a Reino Unido a través del cable existente, y Marruecos ofrece una alternativa renovable a bajo coste. En cambio, la lectura dominante en el ámbito hispano es que Francia busca debilitar la posición estratégica española, reducir su capacidad de negociación y mantener a la Península como un socio dependiente. La ausencia de una conexión España-Italia, que permitiría un bypass simétrico, refleja la pasividad de una clase política que, según esta visión, ha abdicado de la soberanía energética.
Un futuro incierto
Qantara Med está en fase de estudio y su financiación es incierta. La experiencia con megaproyectos energéticos en Europa –anunciados y luego pospuestos– invita a la prudencia. Pero si se materializa, alteraría el mapa energético del Mediterráneo occidental y consolidaría a Francia como el guardián de la puerta africana. España, mientras tanto, seguirá esperando esa conexión con Italia que nunca llega. O quizás no: la historia demuestra que cuando los intereses nacionales chocan, la solidaridad europea suele ser la primera víctima.