La nueva foto de Leticia Sabater: el negocio del esperpento
Leticia Sabater ha vuelto a ser tendencia. Una nueva imagen de la presentadora infantil de los 90 ha recorrido las redes sociales, desatando reacciones que van desde la compasión hasta la burla más cruda. Pero detrás del revuelo hay una realidad que conviene no perder de vista: Sabater sigue trabajando, facturando y moviendo audiencia. El espectáculo no se ha acabado; se ha transformado.
Del «Un, dos, tres» al merchandising de la polémica
Leticia Sabater saltó a la fama en programas infantiles y juveniles de los años 90. Con más de 60 años, ha reinventado su carrera como show-woman en circuitos locales y pay-per-view. Las críticas por su aspecto físico son constantes, pero los datos económicos apuntan a que no le va mal: según algunas estimaciones, factura cantidades considerables por cada actuación. La polémica es parte del producto.
¿Caricatura o estrategia consciente?
Circulan dos interpretaciones sobre su deriva. Una sostiene que es una persona vulnerable, atrapada en un personaje que se le ha ido de las manos. Otra, más pragmática, apunta que Sabater es perfectamente consciente de lo que hace y que ha convertido el esperpento en un negocio rentable. Un detalle recurrente en las publicaciones recientes es el colgante con forma de estrella de cinco puntas que luce, interpretado por algunos como un guiño provocador. Sea lo que sea, la máquina no se para.
El público como espejo
Resulta llamativo cómo una figura otrora asociada a la inocencia infantil se ha transformado en objeto de mofa y fascinación a partes iguales. El público que la critica es el mismo que consume sus shows y comparte sus fotos. En la era del contenido viral, Sabater ha encontrado un nicho: ser carne de meme con cuenta corriente.
La pregunta del millón es cuánto durará este ciclo. Con cada nueva foto, el morbo se renueva. Pero el desgaste es real. Algunos comentaristas señalan que el negocio del espectáculo tiene un coste humano, aunque la propia Sabater no haya dado muestras de querer abandonarlo. Mientras haya un público dispuesto a mirar, el fenómeno Sabater tiene cuerda para rato. Lo que no está claro es si el beneficio económico compensa el desgaste personal. Ese es un balance que solo ella conoce.