Isla Sazan: el nuevo paraíso de los Trump en Albania levanta ampollas
Albania nunca había sido el destino favorito del jet set internacional, pero eso cambió cuando Ivanka Trump y Jared Kushner anunciaron la compra de la isla de Sazan, una antigua base militar de la Guerra Fría con 3.600 búnkeres nucleares, para construir un resort de lujo valorado en 1.400 millones de dólares. La operación, bautizada por algunos como la «nueva isla Epstein versión balcánica», ha desatado protestas masivas en Tirana y una investigación por fraude que ya ha congelado parte de los activos de Kushner.
El negocio de la discordia
Sazan, con 1.400 hectáreas frente a la costa albanesa, fue desclasificada para uso civil en diciembre de 2024. Un mes después, la pareja Trump-Kushner presentó un proyecto de eco-resort para millonarios, en teoría respetuoso con el medio ambiente. La realidad es que la isla alberga especies protegidas y forma parte de un ecosistema frágil. Los albaneses salieron a la calle con pancartas que decían «Israel vete, nuestra tierra no está en venta», mientras la propia Ivanka Trump justificaba su capricho con frases como «encontré una isla y decidí que allí quiero vivir». Los fiscales anticorrupción albaneses, lejos de quedarse de brazos cruzados, abrieron una investigación que ya ha inmovilizado bienes de Kushner.
Búnkeres para oligarcas
La isla, utilizada sucesivamente por Italia, la Unión Soviética y Albania durante el siglo XX, está plagada de búnkeres que podrían servir como refugios antibióticos. Los críticos señalan que el resort no es solo un negocio inmobiliario, sino un búnker de lujo para que las élites globales esperen el colapso. En los debates ha resonado el fantasma de Jeffrey Epstein, aunque sin pruebas concretas. Lo que sí está claro es que el matrimonio Trump-Kushner está jugando con fuego en un país donde la corrupción endémica y el orgullo nacional chocan de frente.
El caso sigue abierto. Mientras los fiscales revisan los contratos y la opinión pública albanesa hierve, el proyecto de Sazan se ha convertido en el símbolo de una globalización que vende hasta la soberanía territorial. Cuando el capitalismo convierte una isla militar en un patio de juegos para multimillonarios, tal vez lo único que quede sean las pancartas.
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