La televisión española suma un nuevo rostro a su nómina de tertulianos, y la reacción no se ha hecho esperar. El hombre en cuestión, Paco Álvarez, ha aparecido en Cuatro TV y una parte de la audiencia ha sacado las tijeras: «mamaracho», «august», «reincidente». Los calificativos no son un simple roce; apuntan a un patrón.
La teoría del perfil buscado
Entre las lecturas que circulan, una destaca por su escepticismo: la idea de que estos fichajes no son casualidad. «¿Por qué tienen todos el mismo aspecto?», se pregunta alguien. La respuesta, según esta corriente, es que las cadenas seleccionan deliberadamente a personas con un perfil físico y discursivo homogéneo, dispuestas a soltar lo que el espectador quiere oír. La mención a las hijas de Zapatero —«a ese le dicen que diga que son guapas y te lo dice sin el menor rubor»— se ha convertido en el ejemplo perfecto de esa docilidad.
¿Colocación o mérito?
El dato que ha dado volumen al asunto es la vinculación de Álvarez con el Comité de movilidad de MKT, donde figura como ponente. No se sabe exactamente qué es ese comité, pero su uso en las críticas es claro: «oposita a un puesto de libre designación». O sea, un enchufe. La ironía sobre los medios y los dedazos no es nueva, pero que el propio interesado aparezca en pantalla mientras se discute su nombramiento añade un punto de surrealismo.
De momento, el personaje acaba de aterrizar y no hay veredicto. Lo que sí está cantado es que, para una parte de la audiencia, el calificativo no es metáfora: es lo que ven cuando él abre la boca.