El nuevo impuesto a los coches eléctricos: se pagará por kilómetro y se controlará en la ITV
Cuando el coche eléctrico no paga ni un céntimo en carburantes, la recaudación del Estado se desploma. La solución, anunciada en varios frentes, es un impuesto por kilómetro recorrido controlado mediante cámaras y balizamiento que se cotejará en las ITV. El argumento oficial: hay que mantener las carreteras. El problema: el impuesto a la gasolina recauda unos 20.000 millones al año, pero ese dinero no está finalizado para carreteras, va al saco común. Con la electrificación del parque, ese agujero fiscal hay que taparlo. Pero la sospecha es que el nuevo impuesto no sustituirá al de hidrocarburos, sino que se sumará durante una larga transición que acabará siendo permanente.
El agujero fiscal de la electrificación
Cada kilovatio hora que se enchufa no paga el impuesto especial a hidrocarburos. La recaudación por carburantes ronda los 20.000 millones anuales. Si el parque se electrifica al ritmo previsto, en una década el Estado habrá perdido una fuente clave de ingresos. La solución técnica es un peaje por uso. Pero la historia demuestra que los gobiernos rara vez eliminan un impuesto cuando crean otro: lo normal es que ambos convivan durante años. El debate real es si el pago por kilómetro será un simple recambio o una losa fiscal adicional.
Control y escepticismo ciudadano
El sistema de control previsto incluye cámaras y balizamiento en las vías, y se cotejarán los kilómetros declarados con los registrados en la ITV. La medida ha generado un alud de críticas: se percibe como un impuesto a la movilidad, un paso más hacia el control total del ciudadano. Mientras, los conductores de combustión no se libran: también se espera que mantengan su tributación actual. El resultado sería una presión fiscal creciente sobre cualquier forma de desplazamiento.
Los datos disponibles apuntan a que la recaudación por gasolina ya cubre sobradamente el mantenimiento de las carreteras, pero al no ser finalista, el dinero se desvía a otros fines. La pregunta que flota: ¿por qué si ya pagamos suficiente, hay que inventar un nuevo tributo?