Noruega, el paraíso eléctrico financiado con petróleo
¿Cómo puede un país que exporta
petróleo y gas a toda Europa presumir de que casi el 100% de sus coches nuevos son eléctricos? La respuesta es incómoda: lo financia con el crudo que vende al resto del mundo. El cuento verde noruego es real, pero su factura la pagan otros.
Las cifras son tozudas. Noruega tiene 5,5 millones de habitantes (tres menos que Andalucía), el 75% vive en viviendas unifamiliares y su PIB per cápita supera los 100.000€. España, con 50 millones, amontonados en bloques de pisos y un PIB per cápita de 39.000€, no juega en la misma liga. Con ese dinero, cualquier transición es más fácil.
La paradoja del crudo que paga lo verde
El argumento estrella es demoledor: Noruega ha financiado su electrificación con los ingresos del petróleo exportado a Europa. No es ecologismo, es contabilidad creativa. Mientras tanto, el coche eléctrico se fabrica con plástico (derivado del petróleo), se transporta en megabarcos que queman diésel y se recarga con una electricidad que, en buena parte, sale de combustibles fósiles. De sostenible, lo que se dice sostenible, poco.
El frío que hiela la autonomía
Y luego está el clima. Por debajo de 15°C, las baterías de litio pierden entre un 10% y un 30% de su potencia, y la autonomía se desploma otro 30%. En Noruega, con inviernos de quitar el hipo, eso convierte al coche eléctrico en un capricho caro para muchos. Los quitanieves de Oslo, desde luego, no van con baterías.
Así que la foto verde es impecable. Pero no olvide el lector que el dinero que la sostiene sale de vender crudo al resto de Europa. Cada uno quema lo suyo, eso sí, con una sonrisa de superioridad moral.