OpenAI retira la opción de leer en voz alta: el enésimo recorte que enfurece a los usuarios
Hasta hace una semana, los usuarios de ChatGPT —tanto gratuitos como de pago— podían pulsar un botón para escuchar las respuestas de la IA. Esa funcionalidad ha desaparecido sin previo aviso. La compañía lo vende como una «mejora» al integrar la voz en el modo manos libres. Pero quienes llevan años usando la aplicación lo interpretan como un tijeretazo más en una larga lista de pérdidas.
Un patrón de degradación sistemática
No es un hecho aislado. Antes ya se eliminó la posibilidad de cambiar de modelo de lenguaje, y después de conocer qué modelo se estaba usando. Los usuarios denuncian que la versión de mediados de 2024 ofrecía menos censura, más control y la ansiada lectura en voz alta. Ahora, con cada actualización, el producto se siente más restrictivo. Algunos apuntan a problemas de capacidad en los servidores: OpenAI estaría montando sus propios centros de datos mientras espera la colaboración de Oracle, un proceso que podría durar entre seis meses y un año. Otros ven un plan deliberado de «enshittification»: ofrecer un producto cada vez más limitado para empujar a los usuarios a planes de pago superiores o a suscripciones adicionales, a imagen de lo que ya hace Mercedes con sus coches.
Impacto en accesibilidad y alternativas
La función de lectura en voz alta no era un capricho. Para personas con problemas de visión o dificultades de lectura, era una herramienta esencial. Ahora, la única opción de voz disponible es el modo «vivo» o manos libres, que según los testimonios «no vale para nada». La ironía es que la propia OpenAI ha promovido la accesibilidad como un valor. Ante esta situación, parte de la comunidad está migrando a Gemini, que aunque reconocen como inferior en calidad, al menos lee automáticamente los mensajes sin necesidad de intervención.
¿Hasta dónde llegarán los recortes? La pregunta que queda en el aire es si OpenAI está recortando porque no le queda otra —por la presión de los costes de infraestructura— o si está aplicando una estrategia comercial clásica: quitar funciones para luego venderlas como premium. Mientras tanto, el usuario que pagó por un servicio ve cómo su producto se encoge. Y la única mejora que percibe está en los titulares de prensa.