Nunca fue tan fácil ganar dinero: ¿por qué a muchos no les sale?

Nunca fue tan fácil ganar dinero: ¿por qué a muchos no les sale?
Por eso España está así, no es por los políticos, es por la mentalidad anticapitalista que tenemos como colectividad pobrista y adoradora del Estado:


según vosotros para montar un negocio hay que tener el cerebro de Einstein, la visión de Steve Jobs y la capacidad empresarial de Rockefeller.

Entonces, ¿qué eran todos aquellos empresarios prácticamente analfabetos que se hicieron ricos cuando España era poco más que un país bananera? ¿Premios Nobel de Economía?

El principio sigue siendo el mismo de siempre: identificar necesidades insatisfechas y encontrar una manera rentable de cubrirlas. Y las necesidades cambian, se multiplican y aparecen otras nuevas constantemente. Ahí tienes toda la historia económica para comprobarlo.

¿Que muchos fracasan? Pues claro. Pero las barreras de entrada, el capital necesario y el tamaño del mercado accesible han cambiado una barbaridad. Decir que solo cambia el medio demuestra que se te ha escapado media revolución económica.

Lo llamativo es la mentalidad del español medio: cuñao de barra de bar, doctor honoris causa en encontrar dificultades y aspirante a poner sellitos en una administración pública hasta la jubilación.

Décadas de paternalismo estatal y culto al empleo seguro han dejado a demasiados convencidos de que emprender exige poderes sobrenaturales.

Para criticar al que intenta algo sois unos catedráticos. Para detectar una necesidad y buscar quién pagaría por resolverla, de repente, todos os declaráis incapacitados mentales.

Y encima vais dando lecciones de capitalismo. Tiene mérito.
 
El que gana un euro como autónomo y se emborracha de éxito.

Lo cierto es que en el mundo que viene, el que ganará pasta es el que está bien considerado en un MERCADO LOCAL de elevado poder adquisitivo.

El MERCADO GLOBAL como proveedor de "servicios digitales" acaba llegando a un punto de eficiencia, que es pagar a precio de indio, de filipino o indonesio usando chatgpt.
 
@Pirro

Sí, claro, antes veremos repetirse el milagro de los panes y los peces y la apertura del Mar Rojo que tu profecía de que la economía local acabará imponiéndose a la global.

Has descubierto que la competencia internacional presiona los precios y ya has decretado la gloria del capitalismo digital. Menudo Nobel se nos ha escapado.

Confundes competir por precio con competir por valor, y el precio de contratar con el coste real de obtener un resultado.

Una empresa alemana necesita integrar su ERP con sus proveedores. Puede contratar a un filipino por 15 euros la hora o a un especialista por 100. Si el primero necesita el triple de tiempo, exige supervisión constante y multiplica el riesgo de errores, el barato puede salir carísimo.

Costes de transacción, especialización y riesgo operativo. Economía de primero.

Cuando dos proveedores ofrecen exactamente lo mismo, la competencia comprime los precios. Cuando uno resuelve mejor un problema costoso, puede cobrar más. Así funcionan los mercados.

Y aquí viene lo que se te escapa: la globalización aumenta la competencia, pero también multiplica los clientes potenciales. Un español puede perder un contrato frente a un indio y ganar diez vendiendo servicios especializados a empresas alemanas o estadounidenses.

La IA acelerará la competencia y reducirá muchos márgenes. También cambiará qué servicios resultan rentables y qué problemas merece la pena resolver.

Y tu mercado local de ricos tampoco está protegido por una muralla medieval. Sus clientes pueden contratar proveedores de cualquier parte del planeta.

Has confundido la presión sobre los precios con la desaparición de las oportunidades de negocio.

Con semejante clarividencia, cuando la India empezó a exportar servicios informáticos a precio de derribo habrías decretado la ruina de todos los programadores europeos y estadounidenses. Décadas después siguen existiendo especialistas que cobran diez veces más.

Pero claro, para ti descubrir que alguien vende más barato equivale a demostrar que nadie puede vender más caro. Menudo prodigio de razonamiento económico.

El derrotista descubre una fuerza económica, ignora todas las demás y se cree un visionario anunciando el apocalipsis desde la barra del bar.
 
Hace poco conocí a un tío que tenía una empresa de electrónica. Resulta que facturaba algo más de un millón anual, pero tenía que facturar prácticamente 5 para ser rentable.

¿Qué hizo? Convertir la empresa en un centro de empleo para personas con discapacidad. Las subvenciones le llegaron, y aunque no remontó jamás la rentabilidad, en 5 años sumaba casi 1 millón en ayudas públicas.

Hay que ser muy ingenuo para creerse el capitalismo.
 
Por eso España está así, no es por los políticos, es por la mentalidad anticapitalista que tenemos como colectividad pobrista y adoradora del Estado:


según vosotros para montar un negocio hay que tener el cerebro de Einstein, la visión de Steve Jobs y la capacidad empresarial de Rockefeller.

Entonces, ¿qué eran todos aquellos empresarios prácticamente analfabetos que se hicieron ricos cuando España era poco más que un país bananera? ¿Premios Nobel de Economía?

El principio sigue siendo el mismo de siempre: identificar necesidades insatisfechas y encontrar una manera rentable de cubrirlas. Y las necesidades cambian, se multiplican y aparecen otras nuevas constantemente. Ahí tienes toda la historia económica para comprobarlo.

¿Que muchos fracasan? Pues claro. Pero las barreras de entrada, el capital necesario y el tamaño del mercado accesible han cambiado una barbaridad. Decir que solo cambia el medio demuestra que se te ha escapado media revolución económica.

Lo llamativo es la mentalidad del español medio: cuñao de barra de bar, doctor honoris causa en encontrar dificultades y aspirante a poner sellitos en una administración pública hasta la jubilación.

Décadas de paternalismo estatal y culto al empleo seguro han dejado a demasiados convencidos de que emprender exige poderes sobrenaturales.

Para criticar al que intenta algo sois unos catedráticos. Para detectar una necesidad y buscar quién pagaría por resolverla, de repente, todos os declaráis incapacitados mentales.

Y encima vais dando lecciones de capitalismo. Tiene mérito.
Qué falte iniciativa emprendedora en España no te lo voy a discutir. Quizá es porque somos así.

Pero no todo el mundo sirva para eso y uno a veces debe ser consciente del lugar que ocupa en el mundo y no meterse en líos.

Hay gente que es muy buena trabajando, pero si decide dar el salto y hacerlo por su cuenta termina en desastre y lleva a la ruina a todos los que están a su alrededor. Porque le falta cabeza para eso. Es la misma razón por la que un analfabeto logra triunfar, pese a sus carencias, mientras hay muy pocos economistas millonarios. El analfabeto cuenta con unas cualidades personales que abundan muy poco en el mundo.

Personalmente, alguna vez creo tener alguna idea brillante. Voy a Google y veo que ya son legión los que han llegado antes que yo y lo han puesto en marcha. Seguramente sea porque voy justito y no doy para más.

No critico ni envidio al que es capaz de crear cosas. Siempre admiro al que es mejor que yo en cualquier cosa. A veces hasta intento copiar lo que hace, aunque generalmente ni a eso llego.
 

Nunca ha sido más fácil ganar dinero. ¿Por qué la mayoría sigue con el modelo de siempre?​



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Porque siguen intentando ganarse la vida en el siglo XXI con el modelo económico de su abuelo: vender ocho horas diarias a un empresario local y esperar a que les suban cincuenta euros la nómina.

Y encima presumen.

«Yo trabajo doce horas al día».

Un burro también puede pasarse doce horas dando vueltas a una noria. Eso no lo convierte en Warren Buffett.

Primera lección de economía: el mercado no paga por tu esfuerzo, sino por el valor que produces y consigues vender.

No importa cuánto sudas, cuánto madrugas o cuántos años llevas calentando una silla. Importan la demanda, la competencia, la escasez de lo que ofreces y tu capacidad para cobrar por ello.

Puedes trabajar como un condenado y seguir siendo pobre. Millones de personas llevan décadas demostrando empíricamente esta maravillosa propiedad.

Segunda lección: tu mercado ya no es tu pueblo. Es el planeta.

Aquí empieza la ciencia ficción para nuestro héroe nacional, criado entre bares, ladrillo, oposiciones y chiringuitos subvencionados.

Hace treinta años, llegar a miles de clientes requería locales, distribuidores, empleados y capital.

Hoy puedes desarrollar software desde tu dormitorio y venderlo en Estados Unidos, Alemania o Australia.

Sin oficinas. Sin veinte empleados. Sin pedirle permiso al concejal de Comercio de Villaconejos de Abajo.

Internet ha globalizado la distribución y la IA está abaratando la producción.

Un individuo competente puede hacer hoy determinados trabajos que antes exigían un equipo entero.

¿Y qué hace el españolito ante semejante revolución?

Prepararse unas oposiciones para cobrar 1.600 euros y asegurarse de que nadie pueda despedirlo hasta que le dé un infarto.

Tercera lección: deja de vender horas y empieza a vender productos.

Las horas tienen un pequeño inconveniente económico: solo puedes vender un número limitado cada día.

Un producto digital, en cambio, puede reproducirse miles de veces con un coste marginal muy bajo.

Un programador cobra 2.000 euros mensuales vendiendo su trabajo a una empresa local.

Otro desarrolla una herramienta especializada y consigue 100 clientes internacionales que pagan 50 euros mensuales.

5.000 euros de facturación recurrente. Con 1.000 clientes, 50.000.

No es beneficio limpio, faltan gastos, impuestos, captación de clientes y toda la fiesta empresarial. Y nadie garantiza que consigas vender nada.

Pero la diferencia fundamental es brutal:

El empleado tiene que volver a trabajar para cobrar el mes siguiente. El propietario de un producto escalable puede seguir cobrando por algo que ya construyó.

Eso se llama escalabilidad, no magia.

Cuarta lección: la riqueza no depende solamente de cuánto produces, sino de cuánto valor consigues capturar.

Puedes crear un producto extraordinario y arruinarte porque nadie lo conoce.

O resolver un problema aparentemente insignificante para diez mil empresas y ganar una fortuna.

La distribución, el precio, el mercado y el modelo de negocio importan tanto como la producción.

Por eso trabajar muchísimo en algo que nadie quiere comprar es una manera extraordinariamente eficiente de perder el tiempo.

Y ahora viene la paradoja más llamativa.

Nunca había sido tan barato intentar vender un producto a millones de personas, pero buena parte de la población sigue compitiendo con otros quinientos desesperados por una vacante de 1.400 euros en el polígono industrial de su provincia.

Después se pasan veinte años lamentando que los sueldos son bajos y los pisos cuestan una fortuna.

Si has decidido competir exclusivamente en un mercado laboral local mientras los mercados de productos y servicios se han vuelto mundiales.

La economía moderna, resumida para los que todavía viven en 1987:

  • Esfuerzo no es valor. Sudar mucho no implica producir algo que alguien quiera pagar.
  • Tu mercado no es tu localidad. Puedes vivir en Cuenca y vender a California.
  • Tiempo no es escalabilidad. Una hora se vende una vez; un producto reproducible puede venderse miles.
  • Facturación no es beneficio. Vender mucho y ganar dinero son dos cosas distintas.
  • Producir no es vender. Sin clientes, tu maravillosa idea vale exactamente cero.
Naturalmente, emprender tiene riesgos, no todos los trabajos se pueden globalizar y la mayoría no va a hacerse millonaria por abrir una AI y fabricar cuatro cosas.

Pero la barrera económica para intentar llegar al mercado mundial ha caído como nunca antes.

Y esa es la revolución que muchos todavía no han entendido.

El problema ya no es encontrar un empresario de tu pueblo dispuesto a comprarte ocho horas. Es encontrar un problema en cualquier lugar del mundo que alguien esté dispuesto a pagarte por resolver.

Mientras tanto, nuestro campeón seguirá madrugando a las cinco, trabajando doce horas y esperando que el Gobierno le suba otros cincuenta eurillos.

Y presumiendo de trabajador.

Como el burro de la noria.

El mundo ya funciona como un mercado global. Lo llamativo es cuánta gente sigue intentando ganarse la vida en la economía de su abuelo.
Resumen:

Todo el mundo puede tener su mansión y meterse en el lamborghini. En cambio llevan vidas complicadas pero es solo porque ellos quieren. Hacer dinero es muy fácil. Nunca el mundo ha sido mejor que ahora. Los que dicen que no hay mansiones para todos lo que son es unos amargaos.

Pregunta:

¿Pero por qué sentiste la necesidad de contar eso?
 

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