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Eso quería decir que, contra la opinión del Gobierno, la protección del medio ambiente no un asunto susceptible de debate político, es una obligación ya contraída con la suscripción de la legislación europea sobre derechos humanos.
La justicia holandesa sentencia que la lucha contra el calentamiento global no es optativa y ordena un recorte de emisiones del 25%.
Holanda y la "ley climática más dura del mundo": así es la ley que busca cambiarlo todo sin implementar una sola política concreta.
En verano de 2015, la justicia holandesa ordenó al Gobierno reducir en un 25% las emisiones de gases efectos invernadero antes de 2020. Se trataba de una victoria sin precedentes de una pequeña organización ecologista, Urgenda, que había decidido sentar al Estado neerlandés en el banquillo para obligarlo a "proteger la salud de los ciudadanos" y "su derecho a la vida".
En esencia, y frente a las polémicas medidas del gobierno, Urgenda sostenía que los compromisos internacionales medioambientales forman parte de los compromisos internacionales de derechos humanos. Eso quería decir que, contra la opinión del Gobierno, la protección del medio ambiente no un asunto susceptible de debate político, es una obligación ya contraída con la suscripción de la legislación europea sobre derechos humanos.
Los argumentos del Gobierno perdieron la batalla jurídica en 2015, perdieron en 2018 y acaban de perder frente al Tribunal Supremo hoy. De esta forma, para finales de 2020, el Estado está obligado a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 25% tomando como referencia las emisiones de 1990.
Un precedente histórico.
Con esta sentencia firme, el alto Tribunal de los Países Bajos se alienaba con la fiscalía y la abogacía general en la idea de que el juez puede determinar hasta qué punto se extienden las obligaciones de derechos humanos del Estado. "Con el tratado de derechos humanos en la mano, el Tribunal ha podido juzgar que el Estado está obligado a lograr esa reducción del 25 por ciento", explicó el presidente de la Corte Suprema, Kees Streefkerk.
"Ese deber se fundamenta en el riesgo de un calentamiento global peligroso que pueda afectar seriamente a los residentes de los Países Bajos en su derecho a la vida y al bienestar", continuaba. Es decir, los jueces neerlandeses acaban de abrir una puerta a una vía jurídica que puede tener un gran recorrido en toda Europa y otras partes del mundo.
Al fin y al cabo, es la primera vez en el mundo que una demanda ciudadana ha conseguido el reconocimiento legal de la obligación estatal de prevenir el calentamiento global. Y lo hace con un argumento jurídico que puede trasladarse con relativa facilidad al resto de la Unión Europea. De hecho, el mismo tribunal ha subrayado que “cada país es responsable de la parte que le corresponde en la lucha contra el cambio del clima” y no hay tiempo que perder.
En esencia, y frente a las polémicas medidas del gobierno, Urgenda sostenía que los compromisos internacionales medioambientales forman parte de los compromisos internacionales de derechos humanos. Eso quería decir que, contra la opinión del Gobierno, la protección del medio ambiente no un asunto susceptible de debate político, es una obligación ya contraída con la suscripción de la legislación europea sobre derechos humanos.
Los argumentos del Gobierno perdieron la batalla jurídica en 2015, perdieron en 2018 y acaban de perder frente al Tribunal Supremo hoy. De esta forma, para finales de 2020, el Estado está obligado a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 25% tomando como referencia las emisiones de 1990.
Un precedente histórico.
Con esta sentencia firme, el alto Tribunal de los Países Bajos se alienaba con la fiscalía y la abogacía general en la idea de que el juez puede determinar hasta qué punto se extienden las obligaciones de derechos humanos del Estado. "Con el tratado de derechos humanos en la mano, el Tribunal ha podido juzgar que el Estado está obligado a lograr esa reducción del 25 por ciento", explicó el presidente de la Corte Suprema, Kees Streefkerk.
"Ese deber se fundamenta en el riesgo de un calentamiento global peligroso que pueda afectar seriamente a los residentes de los Países Bajos en su derecho a la vida y al bienestar", continuaba. Es decir, los jueces neerlandeses acaban de abrir una puerta a una vía jurídica que puede tener un gran recorrido en toda Europa y otras partes del mundo.
Al fin y al cabo, es la primera vez en el mundo que una demanda ciudadana ha conseguido el reconocimiento legal de la obligación estatal de prevenir el calentamiento global. Y lo hace con un argumento jurídico que puede trasladarse con relativa facilidad al resto de la Unión Europea. De hecho, el mismo tribunal ha subrayado que “cada país es responsable de la parte que le corresponde en la lucha contra el cambio del clima” y no hay tiempo que perder.
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Francisco: no se puede decir a los chicos judíos o musulmanes que se conviertan | InfoVaticana
Durante una visita sorpresa al liceo Albertelli de Roma, Su Santidad ha vuelto a insistir en la necesidad de no hacer proselitismo de la fe, sino a ser coherente con ella.
“Sé tú coherente con tu fe”, ha sido la respuesta del Papa a la multitud de preguntas de los niños del liceo Albertelli de Roma sobre cómo se empieza a creer. “No se les puede decir a los chicos judíos o musulmanes: ven y conviértete”, añadiendo que “no estamos en el tiempo de las Cruzadas”.
Desde que confesara en una entrevista a su amigo Eugenio Scalfari, fundador del diario laicista La Repubblica, que “el proselitismo es un solemne disparate”, Francisco ha insistido a menudo en los males de un ‘proselitismo’ que nunca ha acertado a definir satisfactoriamente, pero que en sus sucesivos comentarios -en su alocución a la diminuta comunidad católica ingenieros, por ejemplo- parece sugerir que la conminación directa a la conversión de personas ajenas a la fe debe ser cuidadosamente reprimida, en favor de un testimonio de vida cristiana que atraiga de forma natural.
En este sentido también conviene recordar su tertulia con los jesuitas de Mozambique, a quienes relató la anécdota de una sudafricana que se presentó ante él con dos compañeros a quienes había traído a la fe católica, algo que dejó al Pontífice, en sus propias palabras, un poso de amargor, comparando la declaración de la mujer con alguien que presume de un trofeo.
El obstáculo para entender sus palabras en el Albertelli es que parecen contradecir palmariamente las de Nuestro Señor, tan claras como “convertíos y creed en el Evangelio”, haciendo lo que, en opinión del Santo Padre, “no se puede hacer”, o la instrucción de Cristo de hacer otro tanto con todos los pueblos de la tierra.
La referencia a las Cruzadas, por lo demás, quizá se deba al popularizado error de suponer que estas incursiones bélicas tenían como objetivo convertir a los musulmanes por la espada, cuando lo cierto es que se trataba de la reconquista de un territorio que había sido cristiano antes de su conquista por el Sarracin para ofrecer protección a los numerosos peregrinos que viajaban a Tierra Santa.
“Sé tú coherente con tu fe”, ha sido la respuesta del Papa a la multitud de preguntas de los niños del liceo Albertelli de Roma sobre cómo se empieza a creer. “No se les puede decir a los chicos judíos o musulmanes: ven y conviértete”, añadiendo que “no estamos en el tiempo de las Cruzadas”.
Desde que confesara en una entrevista a su amigo Eugenio Scalfari, fundador del diario laicista La Repubblica, que “el proselitismo es un solemne disparate”, Francisco ha insistido a menudo en los males de un ‘proselitismo’ que nunca ha acertado a definir satisfactoriamente, pero que en sus sucesivos comentarios -en su alocución a la diminuta comunidad católica ingenieros, por ejemplo- parece sugerir que la conminación directa a la conversión de personas ajenas a la fe debe ser cuidadosamente reprimida, en favor de un testimonio de vida cristiana que atraiga de forma natural.
En este sentido también conviene recordar su tertulia con los jesuitas de Mozambique, a quienes relató la anécdota de una sudafricana que se presentó ante él con dos compañeros a quienes había traído a la fe católica, algo que dejó al Pontífice, en sus propias palabras, un poso de amargor, comparando la declaración de la mujer con alguien que presume de un trofeo.
El obstáculo para entender sus palabras en el Albertelli es que parecen contradecir palmariamente las de Nuestro Señor, tan claras como “convertíos y creed en el Evangelio”, haciendo lo que, en opinión del Santo Padre, “no se puede hacer”, o la instrucción de Cristo de hacer otro tanto con todos los pueblos de la tierra.
La referencia a las Cruzadas, por lo demás, quizá se deba al popularizado error de suponer que estas incursiones bélicas tenían como objetivo convertir a los musulmanes por la espada, cuando lo cierto es que se trataba de la reconquista de un territorio que había sido cristiano antes de su conquista por el Sarracin para ofrecer protección a los numerosos peregrinos que viajaban a Tierra Santa.
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