Quizás esas almas no estaban preparadas para vivir este aprendizaje que ahora se nos ofrece. Voy a contar una anécdota que tuve con mi padre unos meses antes de morir. Era un hombre muy bueno pero muy inocente, se notaba que era un alma joven. Yo le avisé desde hacía años de todo lo que íbamos a vivir, de toda la farsa y de cómo nos habían manipulado y mentido. Al principio no me creyó y luego poco a poco empezó a darse cuenta de que quizás no estaba tan equivocada, así que en uno de esos momentos le comenté: "Papá, vas a vivir el apocalipsis en toda regla", y me contestó de forma tajante: "De eso ni hablar, me niego, puedo asegurarte que yo no". A los pocos meses fallecía de un infarto y se quedó a las puertas de tener que ponerse el cubreboca y vivir toda esta distopía.